domingo, 14 de agosto de 2016

Literatura en cana




José  Carlos De Nóbrega


La literatura como mirada impertinente y transformadora del mundo, no puede pasar por alto las situaciones extremas que ha atravesado la Humanidad en su devenir histórico. El encarcelamiento es una experiencia límite muy intensa, al igual que el éxtasis místico, la guerra y el erotismo en todas sus manifestaciones. Sin establecer tipologías inútiles que esterilicen el cautiverio penal, encontramos que la escritura tras las rejas comprende a autores consolidados [Oscar Wilde, Rufino Blanco Fombona, Alfredo Arvelo Larriva, José Martí]; testimonios autobiográficos inmediatos en lo político y lo vital [Abelardo Cuadra] y la insurgencia sorprendente de voces marginales o subalternas de diverso registro y calidad [Jean Genet, Pedro Serrano Toro -Barrabás- o El Lute]. Tomaremos, en la redacción de esta glosa breve, como referencia vinculante el “Retrato del artista encarcelado” (1999) de uno de nuestros grandes amigos, el crítico y escritor cubano Julio Miranda.

El brillante ensayo de Miranda, partiendo de la auténtica categoría existencial que es la vivencia carcelaria, nos pinta los retratos de Wilde, Arvelo Larriva y Martí. Desdiciendo la propaganda victoriana que aún aturde desde Inglaterra y Estados Unidos, coincide con José Emilio Pacheco en su captación enriquecedora de Wilde, pues detrás del dandy disimulado se esconde tras bastidores el aguijón crítico y libertario que escribió la comedia “La importancia de llamarse Ernesto”, la novela “El Retrato de Dorian Gray”, el ensayo “El alma del hombre bajo el socialismo” y los textos presidiarios “Balada de la Cárcel de Reading” y la “Epístola” dirigida a su díscolo amante Lord Alfred Douglas. Su intervalo creativo comprendió el desmontaje lúdico del conservadurismo victoriano, el terrorismo ético y existencial en la escisión de la personalidad de Dorian Gray, la subversión política y la paradójica “mística del sufrimiento” que lo reduce a la derrota y el desprestigio social [¿Acaso Wilde sobrestimó su ingenio y talento discursivo, subestimando al punto el corazón predatorio de la sociedad conservadora británica? ¿El juicio en su contra no puede extrapolarse al proceso traumático de tutelaje colonial y represivo de su Irlanda, con el Ejército Republicano Irlandés crecido a expensas del Domingo Sangriento?].

El poeta Alfredo Arvelo Larriva desarrolla una obra poética en prisión que apuntala el erotismo, por supuesto, como manifestación compulsiva por la vida. En “Sones y Canciones” (1909), parafrasea a Santa Teresa de Ávila mientras su imaginación sensual besa y muerde las pulpas de la mujer: “Ay, Dios mío ¡Yo que muero sin vivir, / yo que muero cuando no quiero morir!” El orgasmo estético modernista además de metaforizar el cuerpo femenino componiendo bodegones frutales del trópico por devorar, nos retrotrae el cautiverio de San Juan de la Cruz y Fray Luis de León, sólo que en un desafío abierto y rebelde a Cipriano Castro y luego a Gómez. Instado por su compañero de generación, Rufino Blanco Fombona, Arvelo purgaba pena por matar a un posadero que irrespetó su honor. En “Diarios de mi Vida (1904-1905)”, Blanco Fombona describe el encierro compartido con él en la Cárcel Pública de Ciudad Bolívar. Recordemos que además de los Diarios, Don Rufino escribió “Cantos de la Prisión” y su novela terrorista por excelencia “El hombre de hierro”. Generación egotista, duelista y libertina que incluyó también a Vargas Vila y la militancia y el martirologio anti-colonialista de José Martí. En el caso de Martí, el encarcelamiento adolescente se prorrogó en el exilio y el deterioro físico, sobre todo manifiestos en las crónicas de New York, el ensayo sobre “El presidio en Cuba” de 1871, el epistolario y la poesía: Nos encontramos con el Job revisitado, reivindicado y revitalizado hoy.

Otro libro notable construido en el encarcelamiento político, es “Hombre del Caribe” (1979) del nicaragüense Abelardo Cuadra. Una autobiografía vitalista o, mejor aún, bitácora épica que reedita la Odisea Homérica y recrea su propia y peripatética Jodisea [desde el levantamiento del informe sobre la muerte de Sandino, “Total: catorce asesinos y conmigo quince”; protagonizando el segundo alzamiento contra Tacho Somoza que le valió la prisión perpetua; hasta su ulterior fuga para embarcarse en el combate contra las dictaduras de Trujillo y Batista]. Muchas de sus páginas manuscritas fueron sacadas de prisión por su hermano Luciano, contrabandeadas en el meritito interior de naranjas ácidas y dulces.

El malandraje que ha aportado sus libros, construye también una narrativa a contracorriente del Poder, desde la marginalidad que transita caminos más tortuosos. Tenemos el “Diario del Ladrón” (1949) de Jean Genet, como punto de arranque de una obra literaria audaz y ambiciosa que se abrió paso cavando un túnel de fuga hacia el indulto y el reconocimiento. El venezolano Barrabás, no sólo sirvió de modelo que le permitió a Otero Silva crear a Victorino Pérez en “Cuando quiero llorar, no lloro”, sino también ha escrito a la fecha cinco libros [“Si te acercas, te mato” (1979)]. El documental “Barrabás” (2009) de Giuliano Salvatore excede la confortabilidad del discurso edificante pequeñoburgués. Valga la salsa cabilla de Palmieri y Quintana: “La libertad, caballero, / no me la quites a mí”.


martes, 9 de agosto de 2016

Nostromo y Ojos de Perro Azul: Dos Fanzines valencianos I




Richard Montenegro


Nostromo y Ojos de Perro Azul: Dos Fanzines valencianos I




En Valencia es común encontrarse con iniciativas culturales que buscan darle vida a una ciudad que presume de gran actividad cultural pero donde es increíble cómo pasan desapercibidas y fenecen. Una iniciativa que periódicamente aparece son las publicaciones alternativas. Publicar una revista en este 2016 es prácticamente imposible para el común (por la carencia de papel y el costo de los insumos de impresión que son tan elevados que rozan el cinturón de asteroides) pero en el pasado si sacrificabas un poco tu bolsillo eras capaz de lanzar una revista con la esperanza de que fuese bien recibida.




El mundo de la autoedición es un grito de rebeldía ante los medios convencionales de difusión y una forma de plantarle la cara de forma victoriosa al odioso Don Dinero. Así se hacen valer esas pequeñas diferencias que nos convierten en lo que somos. Y esa forma de hacerse valer se llama Fanzine.


Fanzine es un préstamo del inglés, esa lengua indoeuropea hermana tan acusada de ser la lengua vehicular del imperio del mal. Es una palabra compuesta conformada por los vocablos Fan (seguidor, admirador, correligionario o fanático) y Magazine (palabra de origen árabe que significa revista). Definimos al Fanzine como una publicación hecha por aficionados a un tema  y destinada a  ser consumida por otros aficionados a la temática reflejada en la misma.  En pocas palabras: Un fanzine es una publicación hecha por y para aficionados.

El Fanzine por definición es marginal. Algunas otras de sus características son:

* Su hechura suele ser artesanal y puede usar la escritura manual y la mecanográfica. 

* Esta última va desde la máquina de escribir a la escritura con el ordenador incluso los medios de impresión masiva. 

* Es elaborado por un grupo pequeño o por una sola persona. 

* Los tirajes son limitados. 

* Su área de cobertura es limitada. Generalmente su periodicidad es irregular.

* Es un  medio subterráneo (underground).

La  característica más evidente  del Fanzine es su negativa a ser encorsetado.

El Fanzine tuvo una efervescente vida en los espacios universitarios. En la Universidad de Carabobo  era común que los movimientos estudiantiles, políticos o culturales, tuviesen su fanzine aunque pocos pasaron de ser pobres panfletos políticos. El Boletín Universitario de la Universidad de Carabobo, el primer periódico de la UC fue un fanzine. Era un vocero extraoficial elaborado por estudiantes. Américo Díaz Núñez y Eugenio Montejo (recuerdan: La tierra giró para acercarnos/…/hasta juntarnos por fin en este sueño), estudiantes de derecho que ocupaban la dirección y la jefatura de redacción respectivamente. Domingo Franceschi, estudiante de medicina, era el secretario de redacción. Era impreso en la editorial Clima de Manuel Feo la Cruz y su primer número salió el 12/03/1959. En 1963 las amplísimas autoridades rectorales clausuran esta publicación.

En los 70s surge la revista Zikeh, órgano del grupo literario Animales krackers, formado por Carlos Yusti, Judith Pezzente, Juan Aponte Celis, Humberto González y Argenis Azuaje entre otros. Duró poco como suele suceder.

Nosotros, como tantos otros en este punto azul pálido, hemos caído en el hechizo de la Fata  Fanzine. En el año de la Odisea del Espacio de Arthur C. Clarke conocimos el fanzine Nostromo, Órgano divulgativo de Ciencia Ficción y de la fantasía una publicación realizada prácticamente solo por el dibujante Ramón Siverio con la colaboración de Oswaldo Rosales, Aníbal Garrido, Yilly Arana, Pedro Montaño, Héctor García, Igson González, entre otros.rickmontene@yahoo.es

domingo, 31 de julio de 2016

Dos novelas Epistolares



José Carlos De Nóbrega


En 1953, Camilo José Cela publica una conmovedora novela epistolar que destila un lirismo muy personal y bizarro. Se trata de “Mrs. Caldwell habla con su hijo”, una extensa carta escrita por esta ciudadana del Imperio Británico. Es una salvaje declaración de Amor Loco Maternal por Eliacim, su hijo ahogado en las aguas del Mar Egeo. El epistolario no sólo se convierte en el monólogo tragicómico de tan compulsiva madre, sino en la ilación contingente de breves poemas en prosa que constituye su sostenido pulso discursivo. No en balde el lugar desde donde la pícara y deprimida matriarca escribe sus cuitas, esto es la sórdida y alienante reclusión en el Real Hospital de Lunáticos. La novela se forja una obsesiva apología amorosa que podemos acompañar con la revisita al Cantar de los Cantares de Salomón, el capítulo 13 de la primera epístola de San Pablo a los Corintios e incluso la doliente carta viva que es “La luna no es pan de horno” de Laura Antillano. El narrador de segunda persona está tocado por el desvarío poético y estético, la polifonía del habla bipolar y la ruptura con lo real por vía de gags hilarantes a lo Groucho Marx: “En el hospital donde Dorothy murió, hijo mío, los entierros son tan cómodos que las flores nunca llegan a tiempo”. Por fortuna, la escritura no se encorseta en malparidas moralejas sosas ni en sus virtudes terapéuticas: Apuesta a perdedor en el solaz que nos causa la transfiguración poética de las almas, los objetos y los paisajes. El fetichismo, las ansias incestuosas solapadas por la madre y una presencia de ánimo anarquista y naif complacen la mirada sentimental y estética del lector, no obstante y muy a favor de la multiplicidad de lecturas encontradas. No triunfa la Política de Ultratumba regentada por la institución religiosa, ni la reinserción social que ofrecen las penitenciarías y los manicomios. Dejemos que la señora Caldwell se reencuentre consigo misma en la búsqueda febril de su hijo, no importa su brújula disfuncional ni la tonada astillada y repetitiva de sus letanías de amor.

Casi tres décadas después, Laura Antillano publica “Perfume de Gardenia” (1982), novela que se deriva de uno de sus cuentos más entrañables, “La Luna no es Pan de Horno” de 1977. El cuento es una larga y desgarrada carta que la hija dirige a su madre quien desertó del mundo de los vivos. El inicio confiesa la confrontación inconclusa y amorosa de ambas mujeres en el desconsuelo y la desesperanza: “Usted, Señora Mía, me dejó como regalo el desgarre, y siempre tuvo la victoria final”. El balbuceo del caos emocional, el resentimiento, la identidad y la empatía cobrarán un desarrollo intertextual en el corpus novelístico. Sólo que, fiel a un mestizaje carnal y cultural, el discurso mixtura el género epistolar, los diarios, la novela histórica y la lírica. Nos complace su fragmentación en episodios breves y contingentes, lo cual vincula a Laura con Machado de Assis y el Cela de Mrs. Caldwell por obra y gracia del ejercicio escritural de raza. El rompecabezas enternecedor de la novela simula tanto el ensamblaje plástico de materiales diversos como la redacción, improvisación y escenificación lúdicas del texto dramático para títeres. Los narradores de primera y segunda persona, se asimilan a la mano que acaricia las afelpadas entrañas de sus personajes: La abuela, la madre, el padre, Pedro y la niña que otea el mundo de los adultos y demarca una paisajística propia desde debajo de la mesa del comedor. La fusión de lo culto y lo popular patente en la poesía de Ana Enriqueta Terán, Neruda y Vallejo además del cancionero latinoamericano, no se reduce a la cita culterana falsa ni al dato anecdótico. Por el contrario, son factores incidentales en la configuración de las atmósferas emotivas que mueven al lector enamorado. La sensualidad de las imágenes se desliza en la ausencia del escándalo, remitiéndonos a la tersa y erótica imaginería de Lourdes Armas, la afectuosa caligrafía disciplinada del patriarca e incluso una fotografía que dispone la tensión deliciosa entre un par de tirantes y unos senos turgentes que se abalanzan sobre el espectador. La ruptura temporal no obedece a modas vanguardistas literarias, sino al despliegue de esta novela de formación en tres momentos generacionales que van y vienen como en un tiovivo. El compromiso político es incontrovertible pues supone conversar vivamente con la Historia que va a la par de las crónicas urbanas del Nuevo Periodismo. Por ejemplo, la sombría incertidumbre del Chile de 1973 y la apuesta por el reencuentro de varones y mujeres en una sociedad libertaria. A propósito, les recomendamos el breve episodio sobre El museo de cera, acto de afirmación femenino a contracorriente de los tabúes y fetiches ideológicos y sexuales. Adriana se inventa a sí misma, al punto de transparentar la Narrativa de la mismísima Laura: “La aventura de la novela es la escritura, su poder de seducción como objeto que se integra de la nada”. Mejor aún, la novela deviene en una maravillosa topografía de la venezolanidad que nos contenta mucho.


El afán de perfección de la poesía: Juan Calzadilla




Laura Antillano



Juan Calzadilla tiene todos los  años un libro nuevo en la mano, a veces dos.

Siempre está organizando una exposición, descubriendo un pintor nuevo o descubriéndonos a todos los secretos de una obra de arte, una escultura, un cuadro, una pieza de cerámica, o un paisaje, o un poema.

A lo mejor está lanzando una frase irónica y sorprendente sobre algo que nos atañe de cerca y lo hace con tanta inteligencia y sutileza que mucha gente no sé da cuenta.

Conocemos a este Calzadilla (porque hay varios, todos brillantes y de la misma familia, pero este es como el padre generador) desde que íbamos a la escuela de Letras allá en el Zulia y siempre fue este gran poeta, este gran artista plástico y este crítico y docente de ambos lenguajes del arte.

Su acertada selección de las obras que hoy integran la exposición Volúmenes, que ha inaugurado en el Museo y tendrá un proceso de rotación de obras de tercera dimensión cada tres meses, es un buen ejemplo de los criterios de Juan Calzadilla, y su extenso conocimiento del arte contemporáneo venezolano.

Pero además, él es ese ser humano con sentido del humor, con conciencia social, con lenguajes   secretos y siempre discreto, y este ser humilde y sencillo, sin ningún aspaviento, que se mantiene cerca de los grandes acontecimientos del arte e insiste en la profundidad, la investigación, la densidad y el necesario sentido del humor para la sobrevivencia.

Este martes lo tendremos con nosotros en el Museo de Arte de Valencia, donde acostumbramos, este día de la semana llevar a cabo conversatorios y lecturas sobre temas muy disímiles, siempre alrededor de lo literario, con José Carlos De Nóbrega, y decidimos en grupo, celebrar al gran Juan Calzadilla, uno de los poetas latinoamericanos más interesantes, cuya razón fundamental es su constante renovarse, lo que lo hará siempre contemporáneo, y su capacidad incansable de encontrar siempre lo novedoso y fértil a su alrededor.

Un gran  graffitty de pared urbana, en esa zona cercana a las estaciones del metro y el Museo, y la heladería de Corccetto, podría ser un poema de Juan Calzadilla, que dice: “Por qué tanta prisa en salir a buscarlo:/ el mundo no está fuera de ti” u otro como: “¿Y quién ha dicho que la poesía no es peligrosa?”.

Con Juan celebraremos su cumpleaños, hablaremos de su obra, le escucharemos leer o decir su poesía, la de todos, porque de hecho sus palabras contienen las palabras de sus lectores.

Desde sus años de activista de El Techo de la Ballena, desde Dictado por la Jauría hasta  Editor de crepúsculos, el poeta es el mismo a partir del sentido  del encuentro con los otros.

Si bien hoy martes estará con todos en el MUVA (antiguo Ateneo), el miércoles dará una charla a los estudiantes del postgrado de Psiquiatría en Bárbula, acerca del pintor Armando Reverón. Tenemos pues, la oportunidad de disfrutar de su compañía por partida doble.

Cerremos este texto en su homenaje, con sus palabras: “El afán de perfección en poesía. -El afán de perfección queda en entredicho, desde el mismo/momento en que damos más importancia al propósito de alcanzar/la perfección, que al hecho por el cual llegamos a comprobar que/ la perfección puede reducirse, en última instancia, a su búsqueda/ misma”.(Editor de crepúsculos, p.88).