Mostrando entradas con la etiqueta entrevistas. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta entrevistas. Mostrar todas las entradas

lunes, 24 de febrero de 2020

José Gregorio González, entre aparecidos y animales fabulosos



                                      APURE, UN ESTADO DEL ALMA

                                                                                                                          Roger Herrera
                                                                                                   

A tempranas horas de la noche, en el restaurant La Familia, comienza esta entrevista con el artista José Gregorio González, en San Fernando de Apure bajo un calor indescifrable, para no decir otra palabra.
-¿Cuándo te inicias en la carrera poética?
-Bien, un tanto complicado para mi, por cuanto la poesía implica la totalidad, entiéndase con la entrega de la vida, el cuerpo, la obra, lo que uno observa y lo que uno es capaz de transformar. Se produce fundamentalmente cuando me inicio en las artes plásticas. Todo giró en torno a esa inquietud por ver transformar los fenómenos que ocurren alrededor, la transformación de la materia, la del verso, de la materia prima que en todo caso son las bases que uno tiene para ver distinto el mundo. Mis textos giraron primeramente en torno a la narración, yo hice primero que nada, pequeños cuentos que guardé por mucho tiempo, luego veía que tenían alguna autonomía de mí y en cierto modo empecé a respetarlos, los atesoré, los guardé. Viví en distintas partes del País y siempre me acompañaron esos papeles, a veces eran papeles viejos, maltratados por el tiempo, pero esa templanza, ese hecho de envejecimiento le daban una vigencia para mí que asombraba, entonces opté por reelaborarlos, por consultarlos y ahora tiene forma de poemario. Ahí está Rebote.
-¿Qué poetas te sellaron?... propicio es que a partir de estas primeras cervezas, ¿Quiénes influyeron en tu forma de hacer poesía?
-Yo llegué a tener una inquietud temprana por conocer a Ramos Sucre, incluso viajé a Cumaná  a la casa de Ramos Sucre en 1977 y tuve contacto con los amigos que hacían talleres literarios con textos de Ramos Sucre, me llamaron la atención profundamente,  pero nunca pude tener un texto, aunque si tenía referencias anteriores a través de una poesía muy reveladora como la de Rafael Cadenas y Ramón Palomares quienes no evocaban explícitamente a Ramos Sucre, pero me parecía que su construcción tenía que ver con la universalidad, porque pienso que ese tipo de poesía envolvía más que todo a “otra” que tenga una puntualidad en el verso, resume el mundo cultural, el mundo escondido, subterráneo y el mundo cosmopolita. Es decir da una simultaneidad en una lectura totalmente desapercibida aparentemente por muchos mortales, pero que en el fondo subyace toda una vivencia profunda que tiene que ver con la búsqueda estética y con el legado cultural de muchos pueblos.
-¿Qué significa para ti Rebote y si en tu ánimo existe actualmente un libro como ese?... El río, la bulla social, esta misma entrevista aleatoria, ¿Que te dice?
-Rebote en mi es algo que en primeras palabras implica todo un peregrinaje, eso en el fondo tiene toda una serie de conceptos que siguen pululando y que ha estado viviendo, ahora que mencionas el río, han ido transitando por un río, un río contrario. Porque todo ese discurrir, este palabreo, esta fuerza que en algún momento salió de mi, llegó a lograr su independencia. Ese remontar ha dado tantos tumbos que simboliza algo como el que deambula, algo como las búsquedas que consiguen sus derroteros y es en la constancia que quise simbolizar a Rebote, de la manera más sencilla, de manera que la connotación es que si tu arrojas algo al aire no caiga en el vacío, si no que tenga una respuesta, así  sea en ella misma. Y eso me ha dado una satisfacción, porque he visto que sigue el curso de la vida, el mensaje sigue lo que se planteó en medio de su vigencia. Ahora el hecho que no haya sido producto de un rebotar en tanto tiempo, este haya sido macerado y producto de la reelaboración de muchos textos, incluso el hecho que se convierta en poema fue para mí momento de una gran intensidad que me tocó vivir. Si, es posible que se pueda plantear otro libro, pero no con la estructura de Rebote, porque el libro ha sido algo tan difícil ya que sus elementos no se podían decantar. Era imposible estructurarlo de otra manera y la única forma de que percibiera ese texto, ese planteamiento llamado Rebote era tal cual como quedó.
-Creo conocerte desde hace unos veinte años, tanto a ti como a Mayanín.. ¿La recuerdas? la artista plástica, al igual el dibujante Erasmo Sánchez y a otros artistas de esa época, en la Escuela de Artes Plásticas “Cristóbal Rojas”, en uno de sus momentos más efusivos. ¿Cuál ha sido tu camino con la palabra? Porque sé que fundaste “Flor de Bora” periódico cultural donde no solo yo llegué a colaborar, también mucha gente del centro y de la provincia venezolana en general y que marcó una relación extra temporal y extra espacial con la realidad cultural del País. Quisiera que nos hablaras de ese hecho, ¿Cómo te ves a ti mismo?
-El caso de mi trabajo implica un estado del alma, estado de intimidad. Es cierto como tú dices que uno guarda textos, imágenes, recuerdos. El simple hecho de la vida fútil y pasajera de cómo pasan y se dan las cosas en una ciudad como San Fernando donde casi nada sucede, forma parte de esa vivencia. Pero en el fondo es importante que se contenga una memoria, una palabra, una imagen de una vitalidad tan profunda y extraordinaria como es lo que uno capta y la que nosotros captamos a través de la experiencia de Flor de Bora. La experiencia forjada por gente como Asdrúbal Hernández, Lucía Salerno, Luís Camejo y otros jóvenes que en serio van en busca de derroteros con más fuerza en cuanto a militancia estética, pues sabemos sobre cuestiones que ciertamente tienen que ver con oportunidades si es de oportunidades, pues la aventura de nosotros está en rechazar de plano cuando la oportunidad no es realmente el calibre para medir fielmente cual es el lenguaje y las manifestaciones que se quiera dar a entender. Pienso que la aventura de Flor de Bora nos dio la magnífica oportunidad de
Construir y plantear que si es posible emprender un camino en la cuestión cultural, solamente como los cuatro años al frente de este Suplemento cultural, es decir entre los años 93-97, tuvimos la oportunidad de plantear, si se quiere,  que era lo que necesariamente había que hacer aquí en materia cultural y quienes podían dar las respuestas y quienes podían ser los interlocutores válidos para hacer una reflexión en torno a: quienes somos, hacia donde vamos, de dónde venimos y qué hacer con respecto a la cultura, que en la región de los llanos se ha visto tan mermada, tan minusválida ante el País.
-¿Pero no hace parte de esta visión a partir de la gente del centro? ¿Podrías nombrar algunos poetas de valía del Siglo XIX y comienzos del XX en Apure?
-Juan Vicente Torres Del Valle, José Natalio Estrada, Edwin Madrigal, Felipe Martínez Veloz y Julio César Sánchez Olivo.
-¿No crees tú que esa propuesta de apartarse, vivir interiormente, como en la edad media, vivir hacia adentro, haya contribuido con la poca difusión que tienen los valores literarios nacidos en el llano?
-Te podría decir que los llaneros vivimos hacia dentro. Es verdad, pero ese afianzamiento de lo interior nos provee del material y la reflexión necesaria para la creación. Para nosotros el centro no es más que una referencia (o debería de ser), un escalón, una forma de vida distinta, pero tal vez no la mejor opción, más bien el centro se ha caracterizado por apartarnos, por relegarnos desde mucho antes de Gallegos quien selló la fórmula civilización-atraso, nosotros hacia adentro en post de la plenitud y no de la barbarie y el olvido. Si de oportunidades se trata, nosotros construimos nuestra propia oportunidad, no andamos velándola ni pidiendo permiso a la hora de crear.
En un receso logramos escuchar buena parte de “Amiga, novia y amante” de Jesús Moreno, pero instrumental. Bueno, con todo lo ruidoso que pueda ser, por lo menos nos acompañó en este errar, no de yerrar, si no por lo de errabundo, por la sabana de la palabra.
-A mi me sigue pareciendo que lo que tu documentaste sobre la generación a la cual tu perteneces es interesante en tanto ustedes anuncian como un florecer, aunque aún no observado por los críticos. Ustedes deberían plantearse crear una especie de antología de la nueva poesía apureña o de los nuevos narradores. Un poco más allá de lo que hizo el grupo “Humo y Tabaco” en los años sesenta y un poco más allá de lo que han hecho otros forjadores de las letras y de las artes plásticas en el estado.
-¿Tienes otros trabajos inéditos?
-Sí, me han llamado la atención siempre los ensayos. En materia de ensayo te puedo  decir que si tengo casi listo un libro. No tiene un título definitivo porque lo construí a partir de una reflexión en torno a: Primero, nuestros creadores y Segundo: el quehacer dentro de este medio apureño, tomando como referencia un poco, la herencia de nuestros aborígenes quienes han modelado con su propia arcilla todo lo que somos y desde esa perspectiva allí va a estar la totalidad del libro, porque todo lo que hemos hecho y lo que podemos plantear tiene que tener un cordón umbilical y debe ser así.
-¿Cuál es tu concepto humano del mundo desde el hecho político?
-Mi concepto humano del mundo proviene de las lecturas del marxismo-leninismo, esto en el ámbito político, en el área de la poesía fui influido por las lecturas a César Vallejo, Ramos Sucre, Pablo Neruda y otros y con referencia a la plástica tendría que citar necesariamente al profesor Régulo Pérez en el País y a Pablo Picasso por el resto del planeta. Estos personajes prácticamente me dieron la medida del mundo, una manera distinta de ver la realidad. Por lo tanto para mi poética, el discurso inherente a los signos y símbolos del llano, ejemplo de ello, estoy compilando un material donde recupero cierta memoria del llano y del río a través de los “cachos” echados por diversos personajes de la costa del río y de la sabana, cuentos de aparecidos, de animales fabulosos: toninas endiosadas, caimanes y tigres transmutados en hombres. Lo humano abarca todo esto.

Esos que dicen disfrutar escribiendo o son unos genios o unos imbéciles


Entrevista a Carlos Yusti

Irene Flores

1.         Afirma Usted, “Cuando se cambia una ciudad por otra buscamos que esa ciudad viva en nosotros” ¿De qué manera, Guayana vive en Carlos Yusti?

Las ciudades tienen un significado especial en los individuos. Creo que lo primero es ese perfil de arraigo que van dibujando en el carácter, lo otro es que una ciudad cobra su pleno significado por que en ellas se mueven las personas que uno ama. Una ciudad no es más que un vínculo importante con en ese mapa de emociones y sensibilidades que uno sigue para encontrar eso que llaman felicidad. Ciudad Guayana para mi es importante por que en ella encontré a la mujer que amo. También me fascina Ciudad Guayana por que resulta una ciudad invisible que al escritor Italiano Italo Calvino se le olvidó incluir en su libro de Las Ciudades invisibles. Además se parece mucho a la ciudad de Zora descrita por el escritor: “Más allá de seis ríos y tres cadenas de montañas surge Zora, ciudad que quien la ha visto una vez no puede olvidarla más. Pero no porque deje, como otras ciudades memorables, una imagen fuera de lo común en los recuerdos. Zora tiene la propiedad de permanecer en la memoria punto por punto, en la sucesión de sus calles, y de las casas a lo largo de las calles, y de las puertas y de las ventanas en las casas, aunque sin mostrar en ellas hermosuras o rarezas particulares. Su secreto es la forma en que la vista se desliza por figuras que se suceden como en una partitura musical donde no se puede cambiar o desplazar ninguna nota”. Ciudad Guayana es como una especie de partitura musical en la que cambiar una nota es cambiar su magia especial.

2.         Su capacidad literaria está consagrada al ensayo, en su mayoría críticos   ¿A cuál personaje de la literatura venezolana, no se atrevería hacerle críticas?

No sé, nadie está exento de críticas sin importar el pedestal donde se encuentre. Con respecto a la literatura creo que son muchos los escritores que necesitan su respectivo erizo de críticas. Unos por ser malas personas, tienen una fe de ratas en el alma, perdón quise decir fe de erratas y otros por descuidar las palabras al momento de escribir. A la literatura nacional le ha faltado mucha crítica debido a ello muchos poetas y novelistas (e incluso algunos ensayistas) son de un fastidio mortal, sin mencionar la cursilería lingüística y la poca lectura que caracteriza a muchos escritores.

3.         En su escritura reluce la palabra “`Pasión” y que cuando escribe disfruta mucho, ¿Cómo describe esa pasión que lo lleva al disfrute en la escritura?

Yo disfruto más la lectura. Escribir reclama al escritor mucha exigencia con las palabras. Para ser un escritor medianamente competente con el lenguaje se necesita mucha lectura, corregir en demasiado y destruir muchas páginas. Como ve la escritura en ese estadio es una tortura. El escritor Gustave Flaubert pasaba días e incluso semanas sin dormir como era debido a causa de una coma colocada en un lugar inapropiado en la frase. Con esto quiero significar que la escritura es un trabajo riguroso si uno no es un genio y es apenas un vago con ínfulas de barriada pobre. Esos que dicen disfrutar escribiendo o son unos genios o unos imbéciles que les importa un bledo la literatura. La dejadez y el caradurismo para con la lengua y en lo que respecta a las palabras podría ser un género literario.

4.         Se dice que la digitalización de la Literatura, los teléfonos inteligentes son un bloqueo para la inteligencia humana, ¿Cuál es su visión al respecto, desde el punto de vista tecnológico?

Yo siempre he dudado mucho de la inteligencia humana por esa razón creo que todos esos adminículos tecnológicos son sólo instrumentos que te facilitan algunas labores cotidianas. Que la literatura electrónica será el futuro es un hecho. Las transiciones de los soportes del libro (desde la piedra, pasando por el cuero de animales, las tablillas de arcillas, el pergamino, etc.) han sido graduales e incluso han coexistido por mucho tiempo dos distintos soportes. Lo importante es que la literatura siga expandiéndose y que la buena lectura no decaiga.
5.         Al hacer referencia sobre la revista literaria A-Rayas, editadas en Cd. Bolívar (1985) dice: “La escritura es un camino imaginario que no lleva a ninguna parte”, ¿Porqué lo dice, acaso Yusti siente que no ha llegado a ninguna parte?

No sé esto es metafórico. Cuando a la literatura se refiere ésta de lleva a todas partes a ninguna. Desde el punto de vista práctico la literatura me llevó a convertirme en un lector medianamente competente, luego me hizo un individuo que ha publicado alguno libros, pero también la literatura posee ese componente vital de la imaginación que te lleva a conocer mundos posibles y seres extraordinarios como Doña Bárbara, Don Quijote o el  capitán Ahab. Como ve la literatura puede llevarnos a todos lados y a ninguno.

6.         En su obra “Poéticas del ojo” afirma: “Decidí pintar para criticar a tantos matatigre, a tantos pintamonas”, palabras que despiertan el humor, algo que no refleja su personalidad ¿Es intencional, Yusti es humorista? Hábleme un poco de eso.

La vida nunca es blanca o negra, creo que el humor le proporciona sus matices necesarios. También cuando se escribe se pinta o se crea una escultura es necesario el humor, burlarse un poco de todo y de todos. El humor nos salva de la plaza, del pedestal y de esa seriedad almidonada (o con algo de poder) que siempre es la aguafiestas por excelencia.

7.         Dice Usted, “La literatura es la parábola mágica de la vida”, ¿Cómo se refleja esa magia en la vida de Carlos Yusti?

La magia está en los hechos cotidianos. Le pondré un ejemplo mi nieta putativa Carla Daniela a veces me dibuja con tanto candor que aunque el dibujo no respeta ninguna regla pictórica,  como son todos los dibujos de los niños, y ni por asomo se me parece, pero a pesar de eso yo siento ganas inmensas de parecerme a ese dibujo pintado con tanto afecto y cariño. En mi barrio, Bello Monte 2 en Valencia, cuando era yo un niño había personajes calcados del realismo mágico. Estaba Betty que era una marimacha, es decir una mujer muy masculinizada que usaba bragas de mecánicos y botas, pero que en los carnavales se disfrazaba de mujer y usaba unos vestidos ceñidos y cortos que evidenciaban un cuerpo hermoso y unos muslos de modelo de pasarela que volvía loco a todos los hombres y mujeres del barrio por igual. La calle donde vivíamos en el barrio se llamaba El milagro, debido a que una noche de tormenta eléctrica una mujer, cuyo esposo era vigilante nocturno, dio a luz sola un par de morocho iluminada por los relámpagos bajo una lluvia pertinaz.
La magia está a la vuelta de la esquina sólo es necesario estar atentos.

8.         Con la trayectoria que tiene como escritor, ¿En la actualidad cual sería para Usted el mayor bloqueo a la literatura venezolana?
Escribir es una cosa y publicar es otra. Para escribir siempre hay muchos bloqueos y las cuentas por pagar creo que son un gran bloqueo, también que la musa se fugue con el motorizado. Puede suceder que a la computadora le agarre algún virus y pierdas tu trabajo escrito. Aparte de esos inconvenientes naturales escribir se hace bajo cualquier circunstancias y sorteando los obstáculos más inverosímiles. Publicar es otra parte importante del escribir, pero no el acicate de la escritura. Publicar no es fácil, además en nuestro país no consideran eso de escribir como un oficio ya que ni diarios ni revistas te pagan por ello. Publicar es necesario, pero escribir está sujeto a mecanismos internos del alma y la conciencia.

9.         Fue censurado por alguien, al decir “Que diría Don Mario Briceño Iragorry, de lo que escribe Yusti”, ¿Qué tipo de sentimiento despertó en Usted esta experiencia? ¿Le ayudó a crecer? Explique al respecto.

No censurado, sino que la persona que hizo la nota me catalogaba como un lector nostálgico al margen de postmodernidad o algo por el estilo. En mi caso particular escribo no para estar al margen, sino para involucrarme en todo y nadar a contracorriente, ser una voz disonante en ese coro de voces que larga loas a la postmodernidad, el estructuralismos y todo esos ismos ( o a los poderes instituidos del color que sean) a los que son muy afectos los profesores de literatura, que además lo hacen por moda.

10.      ¿Qué connotación dentro del arte le da a su pintura moderna, posmoderna, contemporánea y porqué?

Yo quiero escribir sin tiempo y pintar con todo el tiempo acumulado de la pintura desde las cavernas hasta nuestro días. En el arte lo intemporal nunca pasa de moda.

11.      Dice: mi etiqueta sería la frase de Voltaire “La mejor venganza contra los que nos detestan, es ser felices” ¿De qué manera Yusti experimenta la felicidad?

Cuando leo. Los días más felices que recuerdo fueron en mi adolescencia, tumbado en el sofá de la sala leyendo; perdido en una historia, en personajes, en diálogos, mientras afuera el mundo seguía con sus horarios, rutinas y  velocidades de rigor. La lectura me permitía  ir a otro ritmo, me permitía estar en otros lugares menos inhóspitos que el barrio donde vivía. La lectura podría ser una forma de ser feliz y desde ese contexto sigo leyendo como el primer día que descubrí que le literatura moldea y le proporciona firmeza al alma y sin una alma bien estructurada lo que se emprenda en la vida no tendrá mucho sentido.

Gracias
Honor que me hace, al dedicarme parte de su tiempo.

domingo, 22 de abril de 2018


Entrevistas

Josefa Zambrano: “La vida misma proporciona el mejor material ficcional”


Zambrano: “Sigo creyendo que la palabra nombra y crea, que el escritor vive por y para la palabra”.


Carlos Yusti •
Josefa Zambrano


Fui en autobús desde Puerto Ordaz (cuarenta minutos y algo) hasta Ciudad Bolívar para conocer a Josefa Zambrano, a quien conocía sólo por sus cuentos. Ella por su lado vino desde Caracas (una hora en avión) para participar en alguna actividad literaria junto con la poeta (y excelente amiga) Teresa Coraspe. Josefa tampoco me conocía, pero había leído algunos de mis ensayos en el suplemento cultural de Últimas Noticias y le causaba algo de intriga mi estilo desencuadernado, mi lirismo de cafetín literario y esa gramática pendenciera de lectura desesperada y apremiante. A mí me gustaban sus cuentos trajeados con un estilo un tanto tradicional, pero que poseían un encanto inusitado y en los que personajes sencillos daban una lírica surrealista, similar a esa niebla que a veces baja desde el páramo y todo lo desdibuja, lo torna todo como un sueño movedizo. Lo cierto es que Josefa Zambrano vino a Ciudad Bolívar a sus cosas y si quedaba algún chance trataría de conocerme. De eso está hecha la música de la literatura; de esa armonía del azar están hechos los encuentros.

Teresa Coraspe hizo lo conveniente para el encuentro. Me impresionó (y me gustó enseguida) esa mujer blanca, de pómulos rosados y una blusa estilo chino de color azul oscuro, con finos estampados de flores y dragones. Al hablar tenía cierto tic de paisana, pero en la conversación enseguida uno descubría a una mujer inteligente que iba a su propio compás tanto en su escritura como en su vida; una mujer que escapó de esa refriega de la cotidiana bostezante y pueblerina para encaminarse por esa vía de lo políticamente incorrecto, quien a fuerza de tenacidad y agudeza fue minando sin ruido, pero con firmeza, todas las convenciones. Desde ese fugaz encuentro, en la calurosa ciudad del Orinoco, nos une una amistad fluida y con sus tempi respectivos.

Josefa Zambrano tiene esa entereza silenciosa de esos seres de la montaña atareados en contar con tranquilidad lo extraordinario. La visité en Caracas varias veces, pero la primera vez que compartimos en una cena estuve husmeando por su biblioteca. Tenía una edición de Las mil y una noches. La edición era la de Richard Burton. Sí, la tan citada por Borges: “Aventuro la hipérbole: recorrer Las mil y una noches en la traslación de sir Richard no es menos increíble que recorrerlas ‘vertidas literalmente del árabe y comentadas’ por Simbad el Marino. Los problemas que Burton resolvió son innumerables, pero una conveniente ficción puede reducirlos a tres: justificar y dilatar su reputación de arabista; diferir ostensiblemente de la eñe; interesar a caballeros británicos del siglo diecinueve con la versión escrita de cuentos musulmanes y orales del siglo trece”. En su escritorio de trabajo tenía una reproducción a todo color de El jardín de las delicias del Bosco y como música tenue de fondo se dejaba escuchar la Carmina Burana. Además estaba Sandra Dick, con su belleza elegante y sofisticada; poseía una luminosidad ávida y era como una emulsión estimulante de vitalidad y delicadeza, especie de mariposa febril; no era una mujer, sino invitación sana al misterio, sin mencionar su amabilidad ilimitada. Esa fue una inolvidable velada digna de cuento árabe.

Witold Gombrowicz se perpetraba entrevistas a sí mismo como una forma eficaz de darse a conocer y promocionarse cuando era una quimera como escritor. Enrique Vila-Matas ha escrito: “…fui feliz en la época en la que inventaba las entrevistas y hoy en día, como entrevistado, lo paso bien ensayando ideas y teorías…”. Con esto quiero acotar que las entrevistas tienen algo de irreal y pasajero, pero me gusta conversar con mis amigos escritores no para saber más que de los entrevistados en sí, sino de esos laberintos de la creación de la literatura. Quiero conocer más de ese verse con el lenguaje a la hora de escribir. Necesito escudriñar detrás de las palabras, de ese gran instante de iluminación, que atrapa a escritores y a lectores por igual, al leer un texto. Esta entrevista es un encuentro (a la distancia) no con una gran amiga, ni siquiera con una indispensable escritora, sino con un nervio literario, con un estilo de escritura que va a esa filigrana de la vida, que hurga en lo menudo con recursos creativos e imaginativos de gran fuerza poética. Además, Josefa Zambrano tiene esa entereza silenciosa de esos seres de la montaña atareados en contar con tranquilidad lo extraordinario, mientras la niebla lo desdibuja todo hasta descubrir el hueso de una realidad distinta, pero excesivamente narrativa.



—¿Cómo es su proceso de escritura?

—Es de ritual. Esquivo la escritura. Hago una y mil cosas antes de dejarme atrapar por las palabras que se agolpan en mi cabeza esperando que me siente a plasmar con ellas una historia, una reflexión; en fin, un nuevo texto. Mi proceso de escritura sigue siendo de mucha inseguridad, de escribir y reescribir hasta conseguir la palabra, la frase que exprese mis sentimientos, mis pensamientos. Es un proceso lento y silencioso, de soledad y angustia, de alegría y gozo cuando siento que he encontrado la palabra precisa o alcanzado el texto deseado.

—¿Una idea, un recuerdo, una imagen le sirven de acicate para escribir cuentos o los estructura razonadamente?

—Sí, por lo general se trata de una imagen desencadenante, de un recuerdo que actúa como detonante de lo que será un cuento. El cuento va tomando cuerpo por sí mismo, pero nace de un entrecerrar los ojos, de un ensueño. Distinto es el proceso escritural del ensayo, pues amerita mayor reflexión, estudio, investigación, es decir, de esa estructura razonada que mencionas.

—¿La realidad es el mejor material para escribir ficciones?

El primer libro que leí fue una versión depurada de Las mil y una noches. Al mismo tiempo leía los cuentos de hadas, los suplementos de Superman, La pequeña Lulú, hasta que descubrí a Don Quijote de la Mancha.
—Vivir. Creo que la vida misma es la que te proporciona el mejor material ficcional. La ficción es también una realidad; realidad que nace de la mente creadora, cobra vida a través de la escritura y se echa al mundo mediante la lectura.

—Por lo general, cuando de narradoras mujeres se trata, enseguida se piensa en la Sherezade de Las mil y una noches: una mujer que narra historias para salvarse. ¿Escribe usted también para salvarse?

—La escritura nos salva de los fantasmas que nos acompañan desde que nacemos. La escritura es un don, un gozo, pero al mismo tiempo puede ser, como dice Truman Capote, un látigo que sirve para autoflagelarse. La escritura es una amante muy exigente y posesiva a la que una se entrega, como dice Susan Sontag, “en íntima libertad”. Así que puede salvar o destruir.

—El escritor y novelista estadounidense James Salter decía que es difícil escribir novelas, que se debía tener una idea y con ella los personajes, luego era necesario la historia. Entiendo que en la actualidad escribe una novela. ¿Puede adelantarnos algo de su proceso y elaboración?

—Lo único que puedo decirte es que ya tiene cuerpo, pues he escrito más de lo que considero la mitad, pero por las circunstancias que me ha tocado vivir en estos dos últimos años no he podido retomarla; de ahí que Salter tiene mucha razón al afirmar que es muy difícil escribir novelas.

—¿Qué autores han marcado su estilo literario?

—Fui una niña que prefirió la compañía de los libros. Desde muy pequeña he gozado del placer de la lectura, así que el primer libro que leí fue una versión depurada de Las mil y una noches. Al mismo tiempo leía los cuentos de hadas, los suplementos de Superman, La pequeña Lulú, hasta que descubrí a Don Quijote de la Mancha. Es un libro que jamás me cansaré de leer y releer. Jorge Luis Borges y Virginia Woolf son autores que me acompañan siempre, quizás porque también fueron apasionados lectores. Creo con ellos y con Bachelard que el paraíso debe ser una enorme biblioteca, que vale más jactarse de los libros que se han leído que de los que nos ha sido dado escribir, y que el cielo es una lectura infinita, inacabada.

—¿Qué lee en la actualidad?

—Como te dije hace rato, estos dos últimos años han sido muy difíciles y dolorosos para mí, ya que perdí a Sandra Dick —el amor de mi vida—, con quien compartí feliz unión durante treinta y tres años y siempre dije que ella, como Dulce María Loynaz, vivió “un estilo que el mundo va perdiendo”. Y seis meses después de su muerte, falleció José Luis, mi único hermano. Cuando la tristeza es tan inmensa pierdes la capacidad de concentración, así que no era capaz de leer ni siquiera el editorial ni un artículo de opinión en la prensa diaria. Poco a poco fui sobreponiéndome y como quedé sola con cuatro hijitos felinos: Pompeyo Augusto, Pericles, Isis Coromoto y Konstantin Kavafis, y dos caninas, Chilindrina y Palas Atenea, comencé de nuevo a leer. Leí sobre esos sensuales e inteligentes seductores que son los gatos y comencé con El libro de los gatos habilidosos del viejo Possum, los poemas para niños de T. S. Elliot. Después seguí con Gatos sin fronteras, de Antonio Burgos, y Lo que aprendemos de los gatos, de Paloma Díaz-Mas. Además leí esos cuentos maravillosos sobre gatos de Guillermo Cabera Infante, Patricia Highsmith et al. Luego seguí con Herejes, El hombre que amaba a los perros y Aquello estaba deseando ocurrir, de Leonardo Padura. Hace poco me atreví a leer ese libro devastador, espejo en el que no queremos mirarnos pero que el régimen nos obliga a hacerlo, y es ese extenso trabajo realizado sobre Corea del Norte por Barbara Demick: Querido líder. Ayer finalicé un libro que me llenó de satisfacción, que me dio mucho gozo leerlo y que no es otro que el ganador del Premio Internacional de Ensayo de Siglo XXI Editores: Trampantojos: el círculo en la obra de Remedios Varo, de Magnolia Rivera, en cuyas páginas tuve la grata sorpresa de ver varias veces mencionado mi nombre y reproducidos párrafos de mi ensayo Lo mágico, lo enigmático y místico en el arte de Remedios Varo.

—¿Qué es ser escritora en este momento actual donde la cultura y el país están como
desmantelados?

—Algo horrendo que jamás imaginé que podría vivir. Es impresionante la capacidad de destrucción del régimen. Comenzaron por convertir el Teresa Carreño en una gallera para sus mítines y actos propagandísticos y proselitistas; siguieron con los museos, acabaron con los ateneos, atentaron contra el Palacio de las Academias. El teatro, las ediciones, las exposiciones y el cine sobreviven gracias al esfuerzo que hacen conjuntamente las instituciones privadas, los creadores y productores y el público ávido de ese cosmos cultural que conocimos y disfrutamos hasta los primeros años de este siglo.

—¿Cómo es su relación con la Internet? ¿Tiene algún blog?

—Muy buenas. Gracias a Internet seguimos en contacto con el resto del mundo. El régimen ha hecho todo lo posible para ralentizarlo, pero aun así no han podido impedir que nos conectemos y nos unamos a las dinámicas redes sociales. Y no tengo ningún blog, pero no niego la posibilidad de crearlo.

—¿Para usted escribir es un trabajo o es una necesidad de expresarse creativamente a través de las palabras?

Tienes que investigar, estudiar y desarrollar un trabajo intelectual arduo para hilar ese fino tejido que es el ensayo.
—Definitivamente, una necesidad de expresarme creativamente a través de las palabras. Sigo creyendo que la palabra nombra y crea, que el escritor vive por y para la palabra.


—¿La literatura puede incidir en los vaivenes sociales o sólo es un saludo insustancial a la bandera?

—Indudablemente incide. Si no fuera así, ¿por qué entonces los escritores, los artistas, los intelectuales, son tan perseguidos en los regímenes autoritarios, dictatoriales, totalitarios como el que está destruyendo a Venezuela?

—¿A qué aspira como escritora?

—A poder seguir escribiendo. A poder seguir leyendo, pues el escribir es un releer.

Usted ha escrito un libro de ensayos, Taumaturgias del verbo (Predios Ensayo, 1999). ¿Es más sencillo el género a la hora de escribir?

—Es más acucioso. Tienes que investigar, estudiar y desarrollar un trabajo intelectual arduo para hilar ese fino tejido que es el ensayo. Debo a mis ensayos sobre Dulce María Loynaz y Remedios Varo mis mayores satisfacciones, pues ambos han sido reproducidos por múltiples publicaciones. Además, desde el punto de vista económico el de Remedios Varo me ha permitido realizar durante dos años un diplomado de escritura virtual en Mérida, Yucatán, México. Así como verlo publicado por una editorial bostoniana y en unas lujosísimas revistas dedicadas al exclusivo mundo de los clubes de golf. Sí, estoy muy feliz por el nombramiento de mi gran amiga y excelsa poeta Teresa Coraspe como miembro correspondiente por el estado Bolívar de la Academia Venezolana de la Lengua.