sábado, 9 de junio de 2018

Una entrevista con Gabriel Jiménez Emán


Habitar en el limbo. Una entrevista con Gabriel Jiménez Emán

El limbo es un plano existencial difícil de definir. Según el Diccionario de la Real Academia Española, limbo es: “En la doctrina tradicional católica, lugar adonde irían las almas de quienes mueren sin el bautismo antes de tener uso de razón”. Y precisamente es allí donde habitan los patriarcas que nacieron antes que apareciera Jesús el redentor, ya que estos patriarcas aunque tenían uso de razón, no recibieron el cristiano bautismo por estar en una época remota.  Si hacemos fábula de los que habitan en el limbo, nos encontramos con personajes como Abraham, Moisés, El rey David, Job y otros profetas del antiguo testamento. Y sus narraciones o historias son fantásticas, elaboraciones sobrenaturales de un Dios que tiene un pueblo elegido al que castiga cuando no sigue su camino, pero también es benevolente si se arrepienten.

Algunos escritores afirman que tanto en la Biblia como en otras escrituras sagradas están los
antecedentes de la literatura fantástica y la ciencia ficción. Y es que el Apocalipsis de San Juan, último libro del nuevo testamento, se habla de los Cuatro Jinetes, que llevan peste y muerte al planeta, que luego de eso, los “impíos” caerán en el Hades y surgirá un nuevo mundo donde no habrá muerte. ¿Puede haber algo más fantástico?

Y así es la literatura de Gabriel Jiménez Emán, bizarra, quimérica, distópica, con escenarios de tiempos distantes y de personajes que parecen venir de  realidades alternas. Es en ese sentido que se puede equiparar la ficción mística de Jiménez Emán con los libros que se le atribuyen a los habitantes antiguos de las tierras de Canaán, los que hicieron que cayeran los muros de Jericó con la sola oración a Jehová como hizo Josué, que además hizo detener el Sol.

¿Qué dicen otros escritores venezolanos  de la literatura fantástica de Jiménez Emán?

Luis Britto Garcia: “Desde su primer libro y ya para siempre, Jiménez Emán se apunta con la transgresión: elegirá narrar sobre un mundo maravilloso, donde las reglas de la naturaleza o de la lógica son sustituidas por incesantes trampas, paradojas, reflejos”.

Carlos Yusti: “… me resultó un tipo transparente, locuaz que exudaba mucha literatura, leída y escrita, por todos los poros. A la postre lo tengo fichado como un entusiasta optimista del quehacer literario; un hombre que no sólo disfruta escribir, sino narrar y vivir a plenitud lo literario como un eterno y enmarañado cuento desovillado con claridad y elegancia… “.

Julián Márquez: “Se percibe con acierto en Jiménez Emán que la novela de formación no debe conducir necesariamente hacia la conquista del mundo feliz. Sin embargo, sí debe producir la transformación conductual de uno o varios de los personajes para contribuir con la intención, en cierta manera, pedagógica de la obra”

Ahora Gabriel reflexiona sobre la literatura de la que él hace gala y sin compasión le preguntamos:

–¿La ciencia ficción sigue siendo “la cenicienta” en la literatura?

–Cuando la ciencia ficción aparece en el escenario del siglo XX en los años cincuenta en Europa y Estados Unidos,  -aunque sabemos que tiene sus antecedentes en los utopistas del Renacimiento y en Cyrano de Bergerac– proviene de las historias orales de la literatura popular, de los comics, de las historietas, de las historias de ovnis en los periódicos, la televisión y la radio, de los platillos voladores, pero al comienzo no era tomada en cuenta como literatura seria, como literatura importante del canon occidental. Después poco a poco fue aceptada como literatura seria debido a su asociación con el cine fantástico de esos años, cuando se hicieron más visibles autores como Julio Verne y H.G Wells, los padres de la criatura cuyas obras fueron todas llevadas al cine. Después de ellos el género fue imparable. Luego comenzó a surgir otro tipo de ciencia ficción basada en las utopías, como es el caso Aldous Huxley, hasta que por fin llegó George Orwell y la consagró con una obra genial de utopía negativa, 1984, al cual se sumaron otros autores, y entonces eso fue imparable. Hay también el tipo de ciencia ficción que pudiéramos llamar de criaturas o androides, como son los casos de Mary Shelley con su Frankenstein, de Robert Louis Stevenson con Míster Hyde y de Meyrink con el Golem, donde los dilemas son más humanos, más filosóficos si se quiere. Pero la ciencia ficción es el único género de la literatura que le pertenece por completo al siglo XX; los demás ya eran modalidades o formas que ya existían como tales, pero la ciencia ficción propiamente dicha le pertenece al siglo xx por derecho propio, es de ese siglo porque se casó con la ciencia y con el auge tecnológico de esa época, con una especie de positivismo al revés, y entonces ya no puede ser considerada una cenicienta.

P–¿Te sientes más cómodo narrando en los predios de la literatura de anticipación?

–La verdad es que me siento más libre en la literatura fantástica pura, por así decirlo, porque la literatura de anticipación requiere de una investigación previa, requiere de una crítica muy profunda de la política, de la ideología y de la ciencia; de modo que es muy difícil innovar dentro de la literatura de anticipación si no te apropias de un mundo y lo desarrollas, le das tu toque personal a ese mundo, porque es muy difícil innovar después de Wells, de Orwell y Verne. Después surgieron autores en la ciencia ficción de países como Cuba, Ecuador, Colombia o Venezuela, y en países de Europa como Polonia, Austria o Suiza, que aportaron al género otros rasgos, también importantes.

–¿Cuáles son tus protocolos a la hora de escribir ciencia ficción y literatura fantástica?

–Primero, hay que separar el concepto particular del concepto general de lo que es o puede ser literatura fantástica, que es un concepto grande, amplio, derivado de la imaginación romántica, es un concepto extraordinario que privilegia a la imaginación en todas sus formas, donde caben el terror, la pasión, los fantasmas, el doble, pero sobre todo el  juego con la alteridad, con el miedo, con lo desconocido. Por eso es tan apasionante la literatura fantástica, porque te pone frente a los dilemas de la otredad, del  inconsciente, se separa de la literatura realista y abre otras posibilidades combinatorias para la sensibilidad y  el espíritu, que van más allá de lo visible, de lo tangible. Entonces la ciencia ficción vendría a ser otra rama de la literatura fantástica, por así decirlo.

–¿Cómo abordar las llamadas Narrativas Transmediáticas, los metarrelatos y la posverdad en la creación literaria actual?

–Esos son conceptos que surgen principalmente de la teoría académica de las comunicaciones en las universidades, y de otros surgidos en el seno periodismo literario, muchos de ellos válidos en el momento de ponderar los fenómenos a través de los cuales se transmiten los mensajes de la literatura de imaginación, principalmente porque los mismos medios toman parte de ese constructo literario y estético, como es el caso de la televisión, el cine y las redes sociales, el internet y los dispositivos digitales como teléfonos, ordenadores o tablets, que forman parte de la robotización posmoderna de la mente humana.

P–Conociendo lo prolífico de tu obra, da la impresión que siempre estás escribiendo y que no se agota tu pluma. ¿Alguna vez te has encontrado con el muro blanco?

–Lo que ocurre es que soy muy apasionado de lo que hago, me entusiasmo mucho con mis proyectos; pienso mucho en lo que voy a hacer, y luego que comienzo a realizarlo soy indetenible. Yo he estado muy pendiente del futuro, de lo que nos espera, a partir de mi novela Averno en el 2006, cuando nuestros países latinoamericanos son acechados fuertemente por fuerzas arrogantes, destructivas, que pretenden sustituir nuestra cultura popular, ancestral o tradicional por una serie de conceptos prestados de otras tradiciones, ajenas, extrañas a nosotros.

–¿Cómo usar la literatura para enfrentar el reto de las nueves redes sociales, la tecnología y la Big Data?

–La literatura se defiende sola porque la literatura debe ejercerse libremente, y cuando esto ocurre ella misma se encarga de deconstruir la realidad, es decir, la desarma y la vuelve armar, la presenta en sus variables más ricas y dinámicas, porque la realidad es cambiante, la realidad no se deja atrapar por un solo tipo de visión o por una postura o una teoría determinada. Tú ves cómo, por ejemplo, algunos medios pretenden manipular la realidad para sus propios intereses, haciendo un periodismo ideológico que responde a las ideas de sus propietarios, y entonces construyen realidades virtuales o posverdades, y entonces ahí llega la literatura y los pone en su sitio, les reclama que su visión es informar, no tergiversar. En todo caso, la literatura debe aprovechar ciertos espacios que le brinda la tecnología para emitir desde ahí sus mensajes, aun con todas las desventajas que ello pudiera comportar.

–¿Te parece que estos tiempos favorecen de manera indefectible al género de la ficción mínima o mejor llamada minificción?

–Sí, la minificción tiene mucha cabida ahora en los medios porque es una forma sintetizada entre el relato y el aforismo, entre la anécdota y el concepto, entre la ironía y el desparpajo. Antes la gente lo veía como un género fácil, cómodo, pero es más bien un género muy rico, híbrido, que toma elementos de la crónica, del periodismo, del cuento, del chiste, de la noticia, de la oralidad y de la picardía popular también, para tejer sus argumentos, y se adapta muy bien a los nuevos formatos electrónicos para esparcirse, para difundirse, y eso hay que aprovecharlo porque son medios rápidos, veloces. Lo cual desde luego no significa necesariamente que sean efectivos o válidos artísticamente, pero al menos ofrecen un menú distinto al del periodismo craso, al del periodismo noticioso o elemental.

–Sabiendo que eres un lector voraz, pero a la vez un empedernido cinéfilo, retomando un viejo debate… ¿Una imagen dice más que mil palabras?

–No. Una imagen no vale más que mil palabras, eso es un reduccionismo espantoso, una simplificación absurda. Una imagen es una imagen y tiene sus propios códigos de percepción y sus contextos de interpretación; en cambio la palabra tiene rasgos distintos a los de la imagen visual porque ella se encuentra cifrada en la escritura, está cifrada en un lenguaje previo que la antecede; por esa razón no podemos estar comparando a la palabra con una imagen visual directa, ni mucho menos con una imagen fotográfica o  cinematográfica, que también viene cifrada por una tradición cultural. Yo creo más bien que lo visual y lo escrito se complementan en el cine, por ejemplo, donde se conjugan, porque el del cine es un lenguaje muy complejo y  muy importante hoy día.

–¿Hay literatura que no hace crítica social? ¿Hay literatura que no refleja la realidad social?

–Lo que ocurre es que estos reflejos no son nunca directos en literatura. La literatura no puede ser directa porque sencillamente la objetividad total no existe; todo se encuentra en la mente del lector o en la mente del escritor, y entre ellos hay una comunicación privada o secreta que se establece en el momento de la lectura, dentro de la sensibilidad y la percepción de cada uno, que requiere de tiempo y de meditación. La literatura debería hacer meditar y reflexionar sobre lo que somos; tú tienes por ejemplo a grandes novelistas franceses como Balzac, Proust y Flaubert, que son los novelistas más grandes de su tiempo porque pintaron no solamente a la sociedad francesa, sino a la condición humana, mental, psíquica de su tiempo, con sus prejuicios, sus defectos, sus vicios, sus injusticias y sus esplendores y espantos; de modo que nada es tan real como parece, y ese es el papel de la literatura, del de revelar los espacios ignorados del ser humano y del ser social que otras disciplinas te niegan u ocultan.

–¿Los actuales formatos digitales atentan contra las novelas de larga extensión? ¿Cuál sería el reto de los nuevos narradores hoy? ¿Qué deben hacer los narradores experimentados ante el actual desafío de las nuevas tecnologías?

–Creo que no nos debemos preocupar mucho por esto en el momento de escribir. La escritura es como una marea mental, como una tendencia del intelecto o del espíritu que se libera de tu cuerpo y va a dar a la página escrita, ya sea en formato de papel o en formato electrónico, lo mismo da. El formato libro que tanto veneramos ya está cediendo un poco su paternidad, lo cual no es ni bueno ni malo, son dos opciones distintas para captar el mensaje de la obra; entonces la obra ya no es el libro con tapas y papel, la obra es su significado, lo que dice al lector en última instancia, y modifica parte de su ser, lo coloca frente a una realidad distinta. De modo que plantearse una guerra a muerte entre los formatos impresos o electrónicos para vaciar o percibir la obra es algo absurdo, creo yo, es algo que no nos conduce a ninguna parte.

— “Tenía dos opciones en ese momento: o se quedaba dormido para siempre o despertaba de una buena vez. Decidió lo segundo, abrió los ojos, apareció de nuevo el mundo y por eso estamos aquí”. ¿Ese final parece indicar que vamos a tener una continuación de Averno y Limbo? ¿Será una trilogía? ¿Ya está listo el tercer manuscrito de esa saga?

–Sí, estuve pensando un tiempo en escribir otra novela para completar la trilogía, pero luego me embarqué en otros proyectos y pospuse éste, pero algún día lo retomo. No me ha sido fácil elegir los temas y construir los personajes en este momento, porque la realidad va muy rápido ahora y las cosas cambian a una velocidad enorme, por lo cual he modificado varias veces los planes de la obra, pero confío en que algún día de estos lo voy a retomar; aunque a veces miro a mi alrededor y noto que ya estamos inmersos en un mundo de ciencia ficción que no vale la pena novelar, justamente porque vivimos sumergido en él, que ya el futuro nos alcanzó y no tenemos escapatoria.

–Otro viejo debate: Jiménez Emán es narrador, ensayista y poeta. Para muchos de nosotros es obvio catalogarte de narrador ante todo. ¿Es cierto que el narrador siempre querrá ser un poeta incluso narrando?

–Sí, estoy de acuerdo con lo que dices, uno es un poeta aunque no lo desee o no publique poesía todo el tiempo; pues si perdemos el horizonte de la poesía, no estamos haciendo nada en materia literaria y humana. La poesía es lo que nos mueve, es lo que nos da esperanza; la poesía no es escribir libros de versos o rimar sonetos solamente, la poesía es la estética y la filosofía que subyace en el espíritu de todo creador, de modo que estoy de acuerdo contigo, sin poesía no valemos nada, no somos nada.

–¿Cuáles son los últimos tres libros que has leído? Un comentario acerca de ellos.

–He estado releyendo a Federico Nietzsche, en Más allá del bien y del mal y estoy maravillado otra vez con ese libro por las duras verdades que dice acerca de la moral, la filosofía y la religión, de los prejuicios que hemos enfrentado por siglos en el momento de percibirnos como seres pensantes; es una obra que tiene mucha frescura en la escritura y dice las cosas con mucha osadía y claridad, y creo que bien se merece tenerlo como una filosofía para el futuro una vez más; es un libro muy vigente hoy. Otro libro que estuve leyendo el mes pasado fue Eureka de Edgar Allan Poe, un libro extraordinario porque es una mezcla de filosofía con esoterismo y ciencia, de religión y estética y sobre todo con metafísica; la verdad es que me interesa cada vez más la metafísica, y he estado muy volcado a leer escritores donde la metafísica está presente de cualquier modo, como es el caso de César Vallejo, y de un poeta de aquí de Coro como Elías David Curiel. Eureka fue el último libro que escribió Poe, quien es el primer gran poeta metafísico de Estados Unidos, un poeta que escribía cuentos de horror y cuentos sublimes rodeados de muerte, y extraordinarios ensayos. También otra escritora que me gusta es Mary Shelley, sobre la cual acabo de escribir un estudio sobre Frankenstein para mi editorial con motivo de los 200 años de esta obra, y ahora me estoy leyendo sus Cuentos góticos que son soberbios, y son anteriores a Poe. Creo que la importancia de Mary Shelley es innegable, es la gran escritora del romanticismo inglés, la fundadora de la ciencia ficción y una gran ensayista, editora, amante feminista y filósofa.

–¿Para qué necesitamos la literatura hoy? ¿Tiene futuro la literatura tal y como la conocemos hoy? ¿Si desaparece la literatura desaparece el ser humano?

–La literatura es en muchos sentidos la garante de la memoria sensible e intelectual de la humanidad, a su manera. Si no hay literatura no tenemos donde cotejarnos, donde vernos, donde hablar con nosotros mismos a través de otros, de nuestros prójimos y semejantes, donde valorar lo que hacemos en pro de los demás. La literatura es el pan de la verdad, de lo sublime y de lo terrible, de lo que nos subleva en esta vida; no es un simple adorno intelectual, una cosa de “autores”, sino algo esencial para mí. Si desaparece la literatura entonces ya no podremos dialogar con nadie, y mucho menos con nosotros mismos.  Las posibilidades de la palabra escrita son sencillamente infinitas.

Y culmina este maravilloso encuentro “con un suave hálito melancólico” como diría Ximena Hurtado Yarza sobre el entrevistado. Y es que el limbo es un sitio de melancolía, ese sitio que no es el infierno, pero tampoco el cielo, un sitio donde no hay sufrimiento, en el que no se sabe con certeza lo que sucede ni lo que se siente. Pero sí podemos especular sobre los que allí residen, esos personajes que han hecho historia con sus historias y de seguro Gabriel Jiménez Emán no dudará en entrar al cielo o preferir habitar en el limbo.

Reseña de Gabriel Jiménez Emán:

Nace en Caracas el 21 de junio de 1950. Narrador, poeta, antologista, ensayista, compilador, editor, docente y traductor, ha representado a Venezuela en escenarios tan variados como México, Estados Unidos, Francia, Grecia, Cuba, Suiza, España, Portugal, Argentina, Ecuador y República Dominicana. Su participación como conferencista en las ferias internacionales, así como en cátedras literarias como la Cátedra de Salamanca lo convierten sin duda alguna en un embajador cultural de nuestro país. Su obra también ha sido traducida a diversos idiomas y publicada por grandes editoriales, nacionales e internacionales. Entre sus libros destacados se encuentran: La isla del otro (Monte Ávila, 1979), Una fiesta memorable (Planeta, 1991), Sueños y guerras del Mariscal (Ediciones B, Bruguera, Caracas, 2007; Fondo Editorial Eugenio Espejo, Quito, Ecuador, 2010; Alba Bicentenario, Narrativa, Editorial Arte y Literatura, La Habana, Cuba, 2012), Paisaje con ángel caído (Imaginaria, 2004), El hombre de los pies perdidos (Thule, España, 2005), La taberna de Vermeer y otras ficciones (Alfaguara, Caracas, 2005), Averno (El perro y la rana, 2007), Había una vez…101 fábulas posmodernas (Alfaguara, 2009), Limbo (El perro y la rana , 2016). Actualmente se desempeña como director de la revista Imagen y dirige Fábula Ediciones.

Ricardo Romero

TOMADO DEL DIARIO "ÚLTIMA NOTICIAS"

viernes, 8 de junio de 2018

Sergio Ramírez, el retratista de la épica a domicilio


Sergio Ramírez, el retratista de la épica a domicilio


Carlos YUSTI




Fotos de YURI VALECILLO

Al escritor nicaragüense Sergio Ramírez le he leído con cierta constante inconstancia. O sea,  con altibajos y en ocaciones con largos paréntesis. No por culpa de la escritura de Sergio Ramírez, sino por el aparatoso ritmo de lectura que he llevado, para salir un poco de la rutina que en ocasiones imponen los libros, sino pregunten al pobre Alonso Quijano, que tuvo que salir de su biblioteca para encontrar en la realidad, que le era adversa y para nada literaria, para experimentar la aventura de su vida más extraña, desaforada y fantástica que la leída en sus libros de caballería. Se sale de los libros para entrar en la metáfora de la vida la cual, como dijera el Adriano de Marguerite Yourcenar, te va enseñando los libros.

Leí de adolescente su novela ¿Te dio miedo la sangre?, editada por Monte Ávila Editores (la de la cuarta claro). Luego tuve noticias que su novela Castigo divino, se convirtió en éxito inesperado de la televisión. Luego leí su crónica sobre la travesía sandinista, Adiós Muchachos. Una utopía que cerro sin broche de oro, al parecer se robaron el broche, con una enorme corruptela que incluía piñata, brujería, persecución rastrera al poeta Ernesto Cardenal, incesto y un florido etcétera nada prístino y al final resultaron menos revolucionarios y más politicastros de oficio.

El premio Cervantes otorgado a Sergio Ramírez coincide con una Nicaragua envuelta en protestas, incendios y muertes no por casualidad en su discurso el premiado escribe: “Cerrar los ojos, apagar la luz, bajar la cortina, es traicionar el oficio. Todo irá a desembocar tarde o temprano en el relato, todo entrará sin remedio en las aguas de la novela. Y lo que calla o mal escribe la historia, lo dirá la imaginación, dueña y señora de la libertad, “por la que se puede y debe aventurar la vida”, pues no hay nada que pueda y deba ser más libre que la escritura, en mengua de sí misma cuando paga tributos al poder el que, cuando no es democrático, sólo quiere fidelidades incondicionales. Somos más bien testigos de cargo”.

Esa fidelidad a la imaginación, a las mentiras verdaderas de la literatura es lo que en definitiva me gusta de Sergio Ramírez. Ese no darle tregua, ni sosiego ni respiro  a la realidad por lo más cruda que se presente; ese no inclinarse ante el contrabando de sombras del poder y que ofrece felicidad al mayoreo cuando en realidad solo busca sacar su pedazo de pastal, contante y sonante, por servicios prestados.

En su libro Mentiras verdaderas escribe: “Las guerras, las hambrunas, las tragedias colectivas, los crímenes ocurren dentro de nuestras casas. Son sucesos domésticos, pertenecen a una épica a domicilio”. En unas páginas más adelantes de este libro utiliza un mueble, que hizo su abuelo materno, quien era un ebanista aficionado, como ejemplo para encarar el oficio de la escritura o como él lo escribe: “Para fabricar un mueble se parte de una idea de árbol, el árbol que se alza ante los vientos entre la abigarrada y oscura multitud del bosque. Es necesario elegir uno de ellos, apreciar su fuste, las rugosidades de su corteza, la extensión de sus raíces, la solemnidad de su estatura, la frondosidad de su ramaje y entonces, hay que cortarlo. Y después de cortarlo, aserrarlo en piezas, ensamblar esas piezas, darles una forma; cuidar que las junturas no dejen luces -entre juntura y juntura no puede pasar la luz-; y por fin tallar, lijar, pulir, barnizar. Nada sobrevive de aquella forma de árbol, pero es el árbol. Entre el árbol y el mueble, entre la materia del árbol y la transformación de la materia en un mueble, queda de por medio la apropiación de esa materia, apropiación que es el proceso de convertir la realidad en imaginación y la imaginación en lenguaje; un proceso que requerirá de diversas herramientas, como las del carpintero que era mi abuelo: plomada, escoplo, buril. Y rigor, disciplina, sentido de las proporciones, medidas de la estética, amor de la perfección…”

Detrás de ese afán de comparar el oficio de la escritura con el burdo trabajo artesanal (como lo hizo el poeta Eugenio Montejo al comparar la composición de un poema con la hechura del pan de la pequeña panadería familiar en la que creció) existe como una poética, hay como un recuperación de ese menudo trabajo manual que de alguna manera posee el trabajo con las palabras y que tiene muchos puntos de contactos con hacer el pan, construir un mueble u organizar todo el encofrado de madera, que era la responsabilidad de mi padre, para vaciar una placa de concreto. Todos estos trabajos llevan implícitos  constancia, disciplina, pero sobre todo un aprender cada día para alcanzar cierta maestría única e irrepetible sin otro truco que el trabajo implacable. Además con el trabajo con el lenguaje no hay otra manera, sino compromiso de artesanía esmerada y pasionaria.

Gioconda Belli
Husmear la vida vista por el ojo de la cerradura de lo literario es lo que hace un escritor y si es competente buscará darle a todo eso que mira cierto simbólica arte. Intentará hacer un retrato, con palabras, de lo humano desde la trinchera del lenguaje buscando enriquecer el mundo con sus ficciones tan verdaderas como mentirosas. Y creo que en el fondo eso ha tratado de hacer a través  de sus novelas Sergio Ramírez. No es casual que Gioconda Belli escriba: “A menudo he pensado que Sergio Ramírez es el Balzac de nuestra sociedad, un retratista implacable cuya brújula apunta siempre al meollo de la condición humana y por lo mismo no es ajena ni a la soledad del monstruo, ni a los cristales cortantes del azúcar”.

Los muebles escritos por Sergio Ramírez tiene ese toque vigoroso de la perfección, de esa perfección que busca que el lenguaje no tenga fisuras y que entre juntura y juntura deje pasar sólo la luz inquieta e implacable de la imaginación.

domingo, 22 de abril de 2018


Entrevistas

Josefa Zambrano: “La vida misma proporciona el mejor material ficcional”


Zambrano: “Sigo creyendo que la palabra nombra y crea, que el escritor vive por y para la palabra”.


Carlos Yusti •
Josefa Zambrano


Fui en autobús desde Puerto Ordaz (cuarenta minutos y algo) hasta Ciudad Bolívar para conocer a Josefa Zambrano, a quien conocía sólo por sus cuentos. Ella por su lado vino desde Caracas (una hora en avión) para participar en alguna actividad literaria junto con la poeta (y excelente amiga) Teresa Coraspe. Josefa tampoco me conocía, pero había leído algunos de mis ensayos en el suplemento cultural de Últimas Noticias y le causaba algo de intriga mi estilo desencuadernado, mi lirismo de cafetín literario y esa gramática pendenciera de lectura desesperada y apremiante. A mí me gustaban sus cuentos trajeados con un estilo un tanto tradicional, pero que poseían un encanto inusitado y en los que personajes sencillos daban una lírica surrealista, similar a esa niebla que a veces baja desde el páramo y todo lo desdibuja, lo torna todo como un sueño movedizo. Lo cierto es que Josefa Zambrano vino a Ciudad Bolívar a sus cosas y si quedaba algún chance trataría de conocerme. De eso está hecha la música de la literatura; de esa armonía del azar están hechos los encuentros.

Teresa Coraspe hizo lo conveniente para el encuentro. Me impresionó (y me gustó enseguida) esa mujer blanca, de pómulos rosados y una blusa estilo chino de color azul oscuro, con finos estampados de flores y dragones. Al hablar tenía cierto tic de paisana, pero en la conversación enseguida uno descubría a una mujer inteligente que iba a su propio compás tanto en su escritura como en su vida; una mujer que escapó de esa refriega de la cotidiana bostezante y pueblerina para encaminarse por esa vía de lo políticamente incorrecto, quien a fuerza de tenacidad y agudeza fue minando sin ruido, pero con firmeza, todas las convenciones. Desde ese fugaz encuentro, en la calurosa ciudad del Orinoco, nos une una amistad fluida y con sus tempi respectivos.

Josefa Zambrano tiene esa entereza silenciosa de esos seres de la montaña atareados en contar con tranquilidad lo extraordinario. La visité en Caracas varias veces, pero la primera vez que compartimos en una cena estuve husmeando por su biblioteca. Tenía una edición de Las mil y una noches. La edición era la de Richard Burton. Sí, la tan citada por Borges: “Aventuro la hipérbole: recorrer Las mil y una noches en la traslación de sir Richard no es menos increíble que recorrerlas ‘vertidas literalmente del árabe y comentadas’ por Simbad el Marino. Los problemas que Burton resolvió son innumerables, pero una conveniente ficción puede reducirlos a tres: justificar y dilatar su reputación de arabista; diferir ostensiblemente de la eñe; interesar a caballeros británicos del siglo diecinueve con la versión escrita de cuentos musulmanes y orales del siglo trece”. En su escritorio de trabajo tenía una reproducción a todo color de El jardín de las delicias del Bosco y como música tenue de fondo se dejaba escuchar la Carmina Burana. Además estaba Sandra Dick, con su belleza elegante y sofisticada; poseía una luminosidad ávida y era como una emulsión estimulante de vitalidad y delicadeza, especie de mariposa febril; no era una mujer, sino invitación sana al misterio, sin mencionar su amabilidad ilimitada. Esa fue una inolvidable velada digna de cuento árabe.

Witold Gombrowicz se perpetraba entrevistas a sí mismo como una forma eficaz de darse a conocer y promocionarse cuando era una quimera como escritor. Enrique Vila-Matas ha escrito: “…fui feliz en la época en la que inventaba las entrevistas y hoy en día, como entrevistado, lo paso bien ensayando ideas y teorías…”. Con esto quiero acotar que las entrevistas tienen algo de irreal y pasajero, pero me gusta conversar con mis amigos escritores no para saber más que de los entrevistados en sí, sino de esos laberintos de la creación de la literatura. Quiero conocer más de ese verse con el lenguaje a la hora de escribir. Necesito escudriñar detrás de las palabras, de ese gran instante de iluminación, que atrapa a escritores y a lectores por igual, al leer un texto. Esta entrevista es un encuentro (a la distancia) no con una gran amiga, ni siquiera con una indispensable escritora, sino con un nervio literario, con un estilo de escritura que va a esa filigrana de la vida, que hurga en lo menudo con recursos creativos e imaginativos de gran fuerza poética. Además, Josefa Zambrano tiene esa entereza silenciosa de esos seres de la montaña atareados en contar con tranquilidad lo extraordinario, mientras la niebla lo desdibuja todo hasta descubrir el hueso de una realidad distinta, pero excesivamente narrativa.



—¿Cómo es su proceso de escritura?

—Es de ritual. Esquivo la escritura. Hago una y mil cosas antes de dejarme atrapar por las palabras que se agolpan en mi cabeza esperando que me siente a plasmar con ellas una historia, una reflexión; en fin, un nuevo texto. Mi proceso de escritura sigue siendo de mucha inseguridad, de escribir y reescribir hasta conseguir la palabra, la frase que exprese mis sentimientos, mis pensamientos. Es un proceso lento y silencioso, de soledad y angustia, de alegría y gozo cuando siento que he encontrado la palabra precisa o alcanzado el texto deseado.

—¿Una idea, un recuerdo, una imagen le sirven de acicate para escribir cuentos o los estructura razonadamente?

—Sí, por lo general se trata de una imagen desencadenante, de un recuerdo que actúa como detonante de lo que será un cuento. El cuento va tomando cuerpo por sí mismo, pero nace de un entrecerrar los ojos, de un ensueño. Distinto es el proceso escritural del ensayo, pues amerita mayor reflexión, estudio, investigación, es decir, de esa estructura razonada que mencionas.

—¿La realidad es el mejor material para escribir ficciones?

El primer libro que leí fue una versión depurada de Las mil y una noches. Al mismo tiempo leía los cuentos de hadas, los suplementos de Superman, La pequeña Lulú, hasta que descubrí a Don Quijote de la Mancha.
—Vivir. Creo que la vida misma es la que te proporciona el mejor material ficcional. La ficción es también una realidad; realidad que nace de la mente creadora, cobra vida a través de la escritura y se echa al mundo mediante la lectura.

—Por lo general, cuando de narradoras mujeres se trata, enseguida se piensa en la Sherezade de Las mil y una noches: una mujer que narra historias para salvarse. ¿Escribe usted también para salvarse?

—La escritura nos salva de los fantasmas que nos acompañan desde que nacemos. La escritura es un don, un gozo, pero al mismo tiempo puede ser, como dice Truman Capote, un látigo que sirve para autoflagelarse. La escritura es una amante muy exigente y posesiva a la que una se entrega, como dice Susan Sontag, “en íntima libertad”. Así que puede salvar o destruir.

—El escritor y novelista estadounidense James Salter decía que es difícil escribir novelas, que se debía tener una idea y con ella los personajes, luego era necesario la historia. Entiendo que en la actualidad escribe una novela. ¿Puede adelantarnos algo de su proceso y elaboración?

—Lo único que puedo decirte es que ya tiene cuerpo, pues he escrito más de lo que considero la mitad, pero por las circunstancias que me ha tocado vivir en estos dos últimos años no he podido retomarla; de ahí que Salter tiene mucha razón al afirmar que es muy difícil escribir novelas.

—¿Qué autores han marcado su estilo literario?

—Fui una niña que prefirió la compañía de los libros. Desde muy pequeña he gozado del placer de la lectura, así que el primer libro que leí fue una versión depurada de Las mil y una noches. Al mismo tiempo leía los cuentos de hadas, los suplementos de Superman, La pequeña Lulú, hasta que descubrí a Don Quijote de la Mancha. Es un libro que jamás me cansaré de leer y releer. Jorge Luis Borges y Virginia Woolf son autores que me acompañan siempre, quizás porque también fueron apasionados lectores. Creo con ellos y con Bachelard que el paraíso debe ser una enorme biblioteca, que vale más jactarse de los libros que se han leído que de los que nos ha sido dado escribir, y que el cielo es una lectura infinita, inacabada.

—¿Qué lee en la actualidad?

—Como te dije hace rato, estos dos últimos años han sido muy difíciles y dolorosos para mí, ya que perdí a Sandra Dick —el amor de mi vida—, con quien compartí feliz unión durante treinta y tres años y siempre dije que ella, como Dulce María Loynaz, vivió “un estilo que el mundo va perdiendo”. Y seis meses después de su muerte, falleció José Luis, mi único hermano. Cuando la tristeza es tan inmensa pierdes la capacidad de concentración, así que no era capaz de leer ni siquiera el editorial ni un artículo de opinión en la prensa diaria. Poco a poco fui sobreponiéndome y como quedé sola con cuatro hijitos felinos: Pompeyo Augusto, Pericles, Isis Coromoto y Konstantin Kavafis, y dos caninas, Chilindrina y Palas Atenea, comencé de nuevo a leer. Leí sobre esos sensuales e inteligentes seductores que son los gatos y comencé con El libro de los gatos habilidosos del viejo Possum, los poemas para niños de T. S. Elliot. Después seguí con Gatos sin fronteras, de Antonio Burgos, y Lo que aprendemos de los gatos, de Paloma Díaz-Mas. Además leí esos cuentos maravillosos sobre gatos de Guillermo Cabera Infante, Patricia Highsmith et al. Luego seguí con Herejes, El hombre que amaba a los perros y Aquello estaba deseando ocurrir, de Leonardo Padura. Hace poco me atreví a leer ese libro devastador, espejo en el que no queremos mirarnos pero que el régimen nos obliga a hacerlo, y es ese extenso trabajo realizado sobre Corea del Norte por Barbara Demick: Querido líder. Ayer finalicé un libro que me llenó de satisfacción, que me dio mucho gozo leerlo y que no es otro que el ganador del Premio Internacional de Ensayo de Siglo XXI Editores: Trampantojos: el círculo en la obra de Remedios Varo, de Magnolia Rivera, en cuyas páginas tuve la grata sorpresa de ver varias veces mencionado mi nombre y reproducidos párrafos de mi ensayo Lo mágico, lo enigmático y místico en el arte de Remedios Varo.

—¿Qué es ser escritora en este momento actual donde la cultura y el país están como
desmantelados?

—Algo horrendo que jamás imaginé que podría vivir. Es impresionante la capacidad de destrucción del régimen. Comenzaron por convertir el Teresa Carreño en una gallera para sus mítines y actos propagandísticos y proselitistas; siguieron con los museos, acabaron con los ateneos, atentaron contra el Palacio de las Academias. El teatro, las ediciones, las exposiciones y el cine sobreviven gracias al esfuerzo que hacen conjuntamente las instituciones privadas, los creadores y productores y el público ávido de ese cosmos cultural que conocimos y disfrutamos hasta los primeros años de este siglo.

—¿Cómo es su relación con la Internet? ¿Tiene algún blog?

—Muy buenas. Gracias a Internet seguimos en contacto con el resto del mundo. El régimen ha hecho todo lo posible para ralentizarlo, pero aun así no han podido impedir que nos conectemos y nos unamos a las dinámicas redes sociales. Y no tengo ningún blog, pero no niego la posibilidad de crearlo.

—¿Para usted escribir es un trabajo o es una necesidad de expresarse creativamente a través de las palabras?

Tienes que investigar, estudiar y desarrollar un trabajo intelectual arduo para hilar ese fino tejido que es el ensayo.
—Definitivamente, una necesidad de expresarme creativamente a través de las palabras. Sigo creyendo que la palabra nombra y crea, que el escritor vive por y para la palabra.


—¿La literatura puede incidir en los vaivenes sociales o sólo es un saludo insustancial a la bandera?

—Indudablemente incide. Si no fuera así, ¿por qué entonces los escritores, los artistas, los intelectuales, son tan perseguidos en los regímenes autoritarios, dictatoriales, totalitarios como el que está destruyendo a Venezuela?

—¿A qué aspira como escritora?

—A poder seguir escribiendo. A poder seguir leyendo, pues el escribir es un releer.

Usted ha escrito un libro de ensayos, Taumaturgias del verbo (Predios Ensayo, 1999). ¿Es más sencillo el género a la hora de escribir?

—Es más acucioso. Tienes que investigar, estudiar y desarrollar un trabajo intelectual arduo para hilar ese fino tejido que es el ensayo. Debo a mis ensayos sobre Dulce María Loynaz y Remedios Varo mis mayores satisfacciones, pues ambos han sido reproducidos por múltiples publicaciones. Además, desde el punto de vista económico el de Remedios Varo me ha permitido realizar durante dos años un diplomado de escritura virtual en Mérida, Yucatán, México. Así como verlo publicado por una editorial bostoniana y en unas lujosísimas revistas dedicadas al exclusivo mundo de los clubes de golf. Sí, estoy muy feliz por el nombramiento de mi gran amiga y excelsa poeta Teresa Coraspe como miembro correspondiente por el estado Bolívar de la Academia Venezolana de la Lengua.

domingo, 10 de diciembre de 2017

Keyla Holmquist o la vida desde la poesía visual

Keyla Holmquist o la vida desde la poesía visual

 Carlos YUSTI


“La poesía visual no es ni dibujo ni pintura, es un servicio a la comunidad. El que se agote dependerá del talento de la gente que la hace. Aquí no hay un código, estás al descubierto”.
Joan Brossa

“Hay que hacer algo nuevo para ver algo nuevo”.
Lichtenberg

Lo medita uno (con el silencio en los bolsillos) al patear alguna calle de la ciudad: “que me canso de ser hombre/ sucede que entro en las sastrerías/ y en los cines/marchito, impenetrable, como un/cisne de fieltro/navegando en una agua de origen y/ ceniza.” Así como el poeta chileno Pablo Neruda se fastidia de ser hombre uno se aburre un poco de esa poesía de metáfora y renglón vertical, se decepciona un tanto de esa poesía de a cucharadas en versolibre y comadreo de la cotidianidad cabalgando el símil.

Las vanguardias literarias del siglo XX (el futurismo, el dadaísmo, el surrealismo, etc.) realizaron experimentos visuales y grafológicos con el poema como intentando sacarlo de su extenuación estilística. El invento no era nuevo, no obstante si era pintoresco y contenía entre las uñas ese impulso irreverente, esa búsqueda de la sorpresa y lo creativo al utilizar las palabras como signos plásticos, al ensayar con distintas tipografías para llegar al hueso de lo lúdico. Un experimento que intentaba fusionar lo visual y lo espiritual (e incluso lo sonoro) a una poética a medio camino entre el arte pictórico y la escritura.

En nuestro país la poesía visual tiene buenos exponentes entre los cuales se podría mencionar a Franklin Fernández, Erro (alias Ender Rodríguez), Ramón Ordaz, César Seco, Keyla Holmquist. Cada uno a tientas y por separado ha explorado las posibilidades de la poesía con esas metáforas creadas desde de la mirada y en la que el poema salta de sus goznes, se aleja de la poesía escrita en columna para desparramarse en la página como un hormigueante (y bullicioso) enjambre de palabras y códigos  hasta desorganizar/desplumar de una vez por todas al poema repleto de atardeceres, crepúsculos, flores y esos “cisnes unánimes” que escribiera el inevitable Rubén Darío.

Keyla Holmquist es una poeta que se aparta mucho de las etiquetas y cruza las fronteras, es una especie de exploradora de los nuevos territorios de la palabra poética y de eso que llaman poesía visual, del arte postal y del performance literario que mezcla las artes visuales con la palabra escrita. No es una poeta del común y es exacta la descripción que hace el escritor Alberto Hernández: “Keyla Holmquist es una artista que se hace poeta a cada instante. Poeta desde la mirada hasta la palabra que emerge triunfante de su boca. Observadora, silenciosa, rebelde, dura a veces, tierna muchas veces, esta mujer/poeta se sabe cotidiana en sus afanes, extraña en su escritura y aérea en la búsqueda ceremonial de la eternidad”.

La poesía como ceremonia, como ritual más allá de las palabras, de esa metáforas que como bisturí cortan el aire de lo cotidiano reinterpretando el mundo anodino de todos los días con una visión fresca de lo poético. Para Keyla tanto los objetos como las palabras poseen un sentido simbólico, un umbra de asombro que busca inquietar al lector, sacarlo de su comodidad literaria y proporcionarle nuevas herramientas para encontrar poesía en los sitios y objetos más inesperados.

Quizá esto escrito así sea un tanto enrevesado. Quizá lo mejor es ver/leer algunos poemas de Keyla para ir aclarando un poco el panorama:



La especial delicadeza de este poema visual no necesita más palabras para hacer sólida una visión singular de lo poético; de un universo metafórico que proporciona a los objetos (y a las palabras) no sólo una fusión armónica, sino que trasmite el sentido de la belleza sin afeites ni trucos de poeta de feria que abunda mucho por estos barrios.
            Los objetos en algunos textos poéticos sirven a Keyla como soporte de las palabras y en esta raras simbiosis el poema cambia por completo la percepción lector/espectador:



            En Keyla el viejo invento del caligrama, y que popularizaron Guillaume Apollinaire y Juan José Tablada, adquiere un sutil giro:


En Rimbaud hubo un anhelo que el mismo narra  cuando escribe: "Procuré inventar flores nuevas, astros nuevos, carnes nuevas, idiomas nuevos. Creí adquirir poderes sobrenaturales. ¡Y bien, debo sepultar mi imaginación y mis recuerdos!". Sin duda todo poeta cree tener estos poderes inexplicables, pero la vida con sus lecciones, en ocasiones crueles, va equilibrando las cargas y el poeta que lo es de verdad reconoce sus limites y sólo intenta crear vínculos desde la palabra poética, puentes inesperados para cruzar los abismos de la imaginación y los recuerdos:



            Keyla intenta desligarse de las fronteras existente entre la pintura y las palabras; desechar las alambradas entre objetos y palabras para festejar lo poético desde lo visual sin perder lo irónico ni lo estético y subrayando la feminidad sin concesiones:

                   



Retomando estos de los objetos en los poemas de Keyla es necesario acotar que no realiza bricolajes con los objetos (como lo hace Franklin Fernández), sino que emplea el objeto como soporte e incorporándolo al lenguaje como un signo más; por supuesto un signo bastante singular con sus contornos y su especificidad definidos:



            En la serie de poemas titulados Cartas de amor, el objeto participa de esa correspondencia amorosa (un plato y una cucharilla repleta con sopa de letras, un envase, etc.) como una línea que le agrega a estas cartas-poemas un sentimiento inédito sin caer en la cursilería ni en el melodrama ya que los objetos aportan un poco de humor, con toda su cotidianidad a cuesta, a algo tan profundo como el amor:


           

            Candela Vizcaíno ha escrito: “La poesía visual no se hace para ser declamada (oída) como la tradicional, sino que necesita un soporte impreso, dibujado o pintado. Se vale de formas e imágenes que se entremezclan, a veces, con las palabras. Se conoce también como poesía concreta. Y toda ella es una amalgama de artes y fórmulas diversas, a veces hasta supuestamente contradictorias”. Y esto es precisamente lo que interesante de la poesía visual que busca ser un ejercicio pleno de la palabra y las artes donde el ojo y el espíritu coincidan para, como escribe Vizcaíno, “trate de abrir una puerta oculta del inconsciente con una simple mirada, de un vistazo, de un golpe. Quiere ser aparentemente sencilla en su rabiosa complejidad”.
            Los poemas de Keyla cumplen con esa premisa: sencillez compleja y sin complejos ni pruritos. Cada poema es un intento de borrar las fronteras entre arte visual y arte escrito:

         



            Guillermo Sucre escribió: “Ya es bueno decirlo: el mundo no es sólo realidad sino también experiencia. Y la experiencia del poeta es sobre todo verbal. Es obvio que puede nombrar las cosas, pero, al hacerlo, está tratando en primer lugar con palabras. Esas palabras, a su vez, no expresan al mundo, sino que aluden (interrogan, ordenan) a su experiencia del mundo. Lo que es distinto y más preciso. La verdadera originalidad, así como la intensidad, no reside en lo nombrado sino en la manera de nombrarlo; no está en lo visto sino en la manera de verlo”.
            La poesía visual es una manera de nombrar y ver al mundo, pero es también una requisitoria sobre la poesía, sobre sus mecanismos creativos y sobre esa relojería precisa, sobre esa carpintería de ordenamiento del lenguaje y que antaño se llamaba inspiración. Eso podría ser también la poesía visual: un carromato de quincallería exótica. La vida, desde ese armatoste que avanza, puede ser sólo un instante que pasa, un sueño inútil que edifica pasiones, un soliloquio de nervios tensados, un silencio acobardado en un objeto.

El trabajo poético de Keyla es una contienda sempiterna con las formas tradicionales de la poesía y es al mismo tiempo una invitación para descubrir la belleza desde la lectura y la mirada, desde ese ámbito en cual el lector/espectador también comience a crear. La poesía visual es una posibilidad a pensarse desde el poema como acto creador y como creación extravagante que es un reto abierto a muchas posibilidades. Por eso estoy convencido que Georg Christoph Lichtenberg concibió un poema visual cuando escribió: “Un patíbulo con un pararrayos.”


martes, 26 de septiembre de 2017

domingo, 4 de junio de 2017

ROGER HERRERA



ROGER HERRERA

“desadaptado”





La vida del poeta, actor, artista plástico, investigador, ensayista y profesor Roger Herrera ha sido tan productiva, sucedida (a ratos, atropellada) e inspiradora que cuesta resumirla. Imagínese entonces lo que ha sido su obra: casi infinita, incontable, variopinta, crítica, contundente e intransigente, tan libre e incontenible que encuentra vías por donde pueda: en la poesía, en el teatro. (Por eso, el Autor del Mes de junio de la Fundación Editorial Escuela El perro y la rana es el “Chino” Herrera, el que punza y corta, que estremece y atrae con la palabra, con la pintura, con la escena, con su expresión.

Roger Herrera Rivas nació el 7 de junio de 1962 y, aunque es medio escéptico, también es medio místico; no le gusta revelar los detalles de su nacimiento ni su segundo nombre. Criado por llaneros guariqueños, desde muy pequeño está en Caracas y creció en San Agustín, “cuna de guerrilla urbana” donde no hay espacio para la abulia.

Fue en el mismo San Agustín donde inició su carrera (o sus carreras), pues asistía a cuanto taller cultural hubiese disponible. “En mi casa éramos cinco varones y yo era de los que se escapaba. Andaba por ahí echando vaina de muchachito, en esto de la delincuencia menor, pero me empecé a juntar con la gente de la ultraizquierda y las cosas fueron cambiando. Con el tiempo me empezó a interesar la poesía y me la pasaba declamando en la casa, como loco”, memora. Asegura que de taller en taller, como oyente, fue conociendo grandes poetas de los que aprendió mucho. Compartió con ellos en los salones donde dictaban clases nadie menos que Levy Rosell.



Su relación con las letras se hizo popular cuando ganó una mención en el género Narrativa del premio del Centro Simón Bolívar a la edad de 9 años. Aunque esto marca el inicio de su precoz reconocimiento, el carácter prolífico de la obra de Herrera es inherente a esta desde su nacimiento.

Desde ese momento, Herrera se sumergió en las palabras, más como un pez que vive en ese mar que como un humano que ahí nada. “Él es un lector biológico que asimila esos nutrientes de la información no desde la memoria, sino desde la emoción y el entusiasmo”, expresa Marco Aurelio Rodríguez, editor de El perro y la rana y gran amigo del “Chino”.

Con esa misma voracidad de lectura, se volvió un apasionado del aprendizaje. Durante su juventud se mantuvo atento y activo en talleres de literatura, redacción y animación cultural y popular. Muy pronto se sintió atraído por las artes escénicas, específicamente el teatro.

Un buen regalo abriría paso a la característica principal de toda su expresión. Alguien puso en sus manos y ojos su primer libro de Antonin Artaud. Herrera se bebió toda su propuesta y continuó investigando al respecto. Cuanto libro se encontrara con el nombre del francés, lo compraba y devoraba. De esta forma, empezó a pensar una concepción del teatro gestada desde el cuerpo, la voz, la luz, el escenario y reafirmó su actitud crítica y contestataria ante el sistema.

Se unió en ese entonces al grupo T-Pos. Recuerda el artista:

“Era un grupo muy criticado porque no hurgó en la constitución de una estética, de una forma de trabajo donde prevaleciera la belleza, sino que hurgó y se manifestó a través de la expresión pura, del hecho teatral que era en este caso para ellos hacer denuncias y críticas a la sociedad capitalista”.
Con esta agrupación ganó el Premio Críticos de Venezuela, en el área de Mejor Investigación Histórica, por el montaje de la obra Tres etnias, una misma lucha.

A la par, Herrera desarrollaba y conjugaba tres pasiones: la investigación, la escritura y el teatro, mientras iba acrecentando su interés por la pintura. En 1988 publicó su primer libro Fragmentos, un compilado pequeño de diez poemas y diez ilustraciones de distintos artistas, que él mismo considera underground por la forma como fue escrito y empastado. Incluso en esas condiciones, se llevó sus respectivas ovaciones.



Abrió la década de los noventa con su primera exposición de artes plásticas y asumió la dirección de Artes Visuales del Consejo Nacional de Cultura (Conac) “tras obtener una beca o bolsa de trabajo por la propuesta de difundir la obra de Vincent Van Gogh en las cárceles y la de hacer un taller de artes plásticas para niños y jóvenes por todo el país”, como especifica él mismo, y a partir de esa plataforma organizó y llevó a cabo festivales, conferencias, investigaciones, talleres, recitales itinerantes, el periódico En el Camino y la creación de la Red Nacional de Escritores.

En 1993 egresó de la mención Arte Puro en la Escuela de Artes Visuales “Cristóbal Rojas”. Tres años después, por fin, editaron su libro La crin de Dios, luego de casi diez años de haber sido bautizado. “Es un libro de poemas cortos en el que defiendo el recurso de la brevedad, no tiene nada de autobiográfico; se trata de los paisajes del Orinoco y los Llanos”, especifica Herrera sobre uno de sus libros más vendidos. José Javier Sánchez, colega, amigo y seguidor de la carrera de Herrera, sugiere que La crin de Dios puede entenderse como una propuesta de un poeta experimental, debido al uso de la tectónica en sus páginas, lo que demuestra que la búsqueda empírica de Herrera está presente en todas las formas de su arte.

Incansable estudioso, en 1997 se graduó como licenciado en Teatro, mención Actuación, en el Instituto Universitario Iudet. Tan pronto culminó la licenciatura, realizó un posgrado en Gerencia Cultural en la Universidad Simón Rodríguez. “Creo que la solidez de su formación es algo que lo identifica. Roger es, sin duda, un tipo muy comprometido con su preparación”, opina Rodríguez. Con el tiempo y también entre un taller y otro, además de sus estudios, Herrera se convirtió en un maestro de la metodología de investigación y la elaboración de proyectos; conocimiento que utilizó para plantear incontables propuestas de difusión cultural en todo el país.



Poesía y pintura

Miguel Marcotrigiano Luna, en su libro Las voces de la hidra: la poesía venezolana de los años ’90, se refiere con acierto a la obra de Herrera como: “un trabajo original, de carácter, nacido no solo de la experiencia de vida sino de esa veta que podemos hallar en quien está acostumbrado a coquetear con la palabra”. Esta marcada autenticidad pronto rendiría frutos.

A partir del 2000 inició una prolífera etapa literaria de premios y libros. A principios de año publicó su tercer libro, Desadaptado, cuya portada ornamenta una de sus pinturas. Al respecto, interviene Sánchez:

“En ese libro, profundiza la poética de la ciudad violenta sin hacer crónica de barrio, ni delincuencia, ni del universo hostil al que le toca confrontarse sin doblegarse. Esa narrativa sin narrativa, esa construcción poética, la logra con el rescate de imágenes de una forma que solo puede hacerlo él”.


Embarcado en el área editorial, también integró el equipo de producción y edición de libros (sin derecho a emolumentos) de la editorial Ambrosía. En el 2001 publicó otro título: Apuntes sobre el teatro y su doble, un ensayo sobre el famoso libro de Antonin Artaud en el que populariza los principios del teatro experimental y abre las puertas a las artes escénicas contemporáneas.

Toda la carga “volcánica” que caracterizó su poesía se vio mutada en sus próximas producciones. Elegías a Wölfing, uno de sus libros más elogiados, fue publicado 2003 y se convirtió en una de sus obras más queridas por sus seguidores y hasta por él mismo. “Elegías a Wölfing es un libro que yo amo mucho. Para mí es una fumada, es sobre mis andanzas nocturnas en Caracas. Grabamos un audiolibro incluso, me entrevistaron muchísimo por él”, sostiene con cariño.

Ese mismo año ganó el Premio “Tomás Alfaro Calatrava”, mención Bienal Literaria, por el que le es publicada la obra El lenguaje de los dioses en el 2005, año en que también ganó “junto a medio país” el Certamen Nacional de las Letras con la obra teatral Yo, solo Dios que, posteriormente, en el 2006 publicó El perro y la rana.

Octubre Rojo, que descubre a un Herrera más introspectivo, también fue publicado en el 2006 por El perro y la rana, y generó críticas tan buenas como las que ya había forjado a punta de transparencia y autenticidad en sus escritos. Subraya Sánchez:

A medida que vas leyendo la evolución literaria de Roger, te das cuenta de que en sus libros más recientes es alguien más consciente de sí mismo, es un autor que se percibe a sí mismo en el espacio y pienso que es notorio en este título.

Paralelo a toda su obra literaria, desarrolló tres tiempos de su obra pictórica en la que, tal como es su poética, consiguió su propio lenguaje después de una ardua búsqueda, desde la nada, el ensayo y el error. “Antes me decían ‘El rey del collage‘ porque yo hacía mucho, mucho collage”, comenta entre risas. Desde siempre, el humor negro, la sátira y el lenguaje directo han formado parte de su propuesta plástica. En principio, dirigido hacia las figuras sacras y religiosas. Acentúa el autor:

“Yo respeto a Dios aunque a veces me meta con él. En lo personal, creo en lo que está vivo, en las piedras, en los árboles, en las personas, en que uno no se muere sino que cambia de lugar. Exorcizar lo sagrado es un llamado a la paz, es un llamado a la confortación del espíritu, no veo la contradicción”.
Su pintura, de la misma manera como evolucionó su poética, mutó hasta el rescate de imágenes cotidianas del universo, a veces agrio, a veces dulce, que critica y al mismo tiempo agradece Herrera. Si hay algo que nunca, nunca abandonará su plástica, es la metáfora poética.



Artista integral

Asumió la Coordinación del Núcleo de Literatura y Artes Plásticas de la Dirección Nacional de Cultura de la Universidad Bolivariana de Venezuela de Caracas, en la que ingresó formalmente en el 2008 y, sin perder mucho tiempo como es característico en él, creó el grupo teatral Unidades Tácticas de Sensibilización Teatral (UTSA) “Máscara Negra”.

Un año más tarde, fundó junto a un grupo de estudiantes la Escuadra Revolucionaria de Lectura, hoy Grupo Revolucionario de Lectura “Jesús Aranguren” de la UBV. Explica el autor:

“… lugar donde se auspicia el material poético y los escritores de todos los géneros, además de promover a los artistas plásticos, jóvenes cineastas, animadores culturales, haciendo énfasis en el encuentro, el diálogo de saberes y la siembra de valores bolivarianos para la consolidación del socialismo del siglo XXI”.
La antología de toda su poesía fue recogida por El perro y la rana y condensada en la edición digital de Obras completas: Mínimo y Varial I y II (2013).

Su más reciente publicación literaria fue en el 2014, Monólogo para varias sombras, fue editado por la Imprenta Regional de Apure, adscrita al Sistema de Editoriales Regionales de El perro y la rana.

Estos últimos años se ha dedicado a la propuesta y realización de proyectos como el de “Oscar López Rivera” en el Complejo Habitacional de San Agustín del Norte, en el que pretende “llevar la UBV a la calle, romper con el claustro universitario y sensibilizar, respaldar y acompañar las propuestas que proponga la comunidad”, que incluye programas de formación política, así como en áreas informáticas.

Aunque se destaca como autor, poeta, pintor y actor, su obra también está claramente marcada por la música, la danza y ha sido seducido por la escultura. Hasta la fecha, Herrera ha participado como autor, director o actor en sesenta obras teatrales, ha actuado en treinta películas nacionales y unos veintiséis productos televisivos, además de contribuir con la elaboración de guiones para televisoras comunitarias dentro y fuera del país; su nombre aparece como autor, colaborador, ilustrador y prologuista en más de veinte libros. Ochenta de sus obras pictóricas adornan el proyecto Gran Misión Vivienda Venezuela.

En su faceta de maestro, ha sido profesor en la Escuela de Artes Visuales “Cristóbal Rojas”, en el Instituto Universitario YMCA “López Mendoza”, en los institutos de diseño CEID, Perera e IDA, en el Colegio Universitario “Monseñor de Talavera” y en la Escuela de Artes Visuales “Cristóbal Rojas. El número de actividades formativas de la que ha sido parte no se puede contar y ha viajado por toda Venezuela a causa de ello. Ha desarrollado (literalmente) un sinfín de investigaciones y proyectos relacionados de arte, cultura y política.

Entre otros proyectos, cofundó la ONG “Unidad Latinoamericana de Gerencia Cultural”, la asociación de artistas Aliarts y los proyectos pilotos de los núcleos de Literatura y Artes Plásticas para la Dirección Nacional de Cultura de la UBV.

Además de las medallas de honor de la Orden Alí Primera (2007) y de la Orden César Rengifo (2015), tiene alrededor de veinte diplomas de reconocimiento otorgados en varias áreas artísticas por distintas instituciones. Su trabajo también ha sido reconocido en Chile, Cuba, Francia y otros países. Ha colaborado con casi treinta revistas y suplementos literarios en la capital y en el interior del país, de los cuales ha sido cofundador de la revista Redes y el periódico Origen de San Agustín.

Y pensar que solo tiene 55, ¿no? Próximamente podremos verlo en Ex y El Amolador, ambos filmes de Miguel Guédez y en la actualidad funge sus funciones como profesor a Dedicación Exclusiva de la UBV y miembro de la Comisión Editorial del El Programa de Formación de Grado (PFG) en Gestión Social del Desarrollo Local de dicha universidad.

“Pienso que todo lo hice buscando lo mismo que Rengifo o Artaud: un espíritu. Por ganas de hacer muchas vainas porque, como soy tan necio, si hago una sola, me pongo a pensar “por qué no me meto a ladrón”, dice jocoso.




“Roger es un tipo que tiene conciencia de su tiempo y su tránsito por la vida, que cree en sus capacidades individuales para aportarle al mundo y creo que es altamente preocupado por eso. Es alguien que desde su profundidad necesita decir y pronunciarse y, afortunadamente, lo ha hecho con el trabajo. Su búsqueda no es la comodidad ni la tranquilidad, al contrario, necesita estar donde está la agitación para mantenerse activo. Ha tenido hacerse su espacio a golpes desde el trabajo y aún así no tiene el reconocimiento que merece. Es un poeta que habla con toda la violencia de la ciudad sin usar el lenguaje común. Su visión como creador se aparta para poder interpretar con una voz mucho más fuerte y única, y dar un aporte de crónica y crítica de la ciudad, a través de una manifestación artística, sin copiar a poetas contemporáneos venezolanos; sin duda, tiene una voz propia”, describe Sánchez.

Posiblemente, este “desadaptado” sea una de las figuras criollas literarias y artísticas más importantes de este siglo. Al mismo tiempo, es papá, amigo, un profe pana y un hombre absolutamente comprometido con el bien su comunidad. Sus acciones son lo que más lo definen; cualquier cosa que se pueda añadir es redundante y cualquier intento de resumen de la vida de este ácrata se queda corto. A Roger Herrera lo celebramos este mes y pedimos larga, larga vida para él, que significa grandes, muy grandes aportes para el arte y la cultura de los venezolanos y el mundo.


(T/Prensa/FEEPR)

martes, 23 de mayo de 2017